El debate sobre quién se beneficia y quién paga la fiesta

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Por declaraciones del Ministro de Educación de la Nación, se deduce que en el gobierno analizan la posibilidad de quitar en 2017 los llamados “feriados puente”. Y se vuelve a instalar el debate por la continuidad de los fines de semana largos.

La iniciativa gubernamental –si existiera seriamente- puede contar, desde ya, con la oposición de los sectores vinculados con el turismo y de los trabajadores de cualquier sector (por ende de sus dirigentes sindicales), que no querrán resignar un día no laborable, lo que significaría ceder un derecho adquirido.

En cambio se puede dar por sentado el apoyo del sector industrial, parte del comercial, y sector productivo, que en cada jornada de inactividad sufren una caída en muchos casos irrecuperable. Un día feriado es buen negocio para muchos, pero durante el mismo no se educa, no se cura, ni se produce industrialmente.

El tema quedó nuevamente de manifiesto luego de que el ministro de Educación de la Nación, Esteban Bullrich, manifestara la intención de eliminar los feriados puente para poder cumplir los 190 días de clases.

Por ley nacional solo puede haber dos feriados de este tipo, pero en los últimos años esta ley fue vulnerada. Por ejemplo, en febrero del corriente año los empleados públicos, bancarios, docentes y en consecuencia alumnos, se tomaron el viernes 5 por la tarde para comprar máscaras y papel picado y regresaron a sus puestos de trabajo, o a los pupitres, el miércoles 10. En marzo este bache de 4 días se repitió del 24 al 27 inclusive. En diciembre se repetirá del 8 al 11 inclusive, con el 9 como puente. Uno más de lo que la ley permite. Además se agregaron en los últimos años 4 feriados nuevos, permanentes, y algunos de última hora cada vez que se cumplían dos siglos de algún acontecimiento histórico.

Los comerciantes han hecho siempre sus cálculos de costos en base a equis días de ventas, cuya facturación debe alcanzar para el alquiler, los salarios, impuestos, gastos, ganancias. Cuando les cambian las reglas de juego agregándoles feriados nuevos y además feriados puente, como sucedió desde 2010 a la fecha, sus números cambian y no tiene más remedio que trasladarle la diferencia al consumidor. Es así como el que no puede viajar en esas mini vacaciones, con mayores precios ayuda a pagar los costos de la fiesta.

Es tan polémica esta cuestión que hasta en la Cámara de Actividades Mercantiles Empresarias (CAME) conviven ambas posturas, a favor y en contra. El sector comercial entrerriano reclama que a esos días denominados puente, de cumplimiento obligatorio, el Gobierno los declare como “no laborables”, figura legal que permite al empleador optar por abrir o no, sin tener que afrontar costos adicionales mayores a los habituales. Es decir, no pagar, por ejemplo, el 100% adicional al trabajador, que obviamente no lo paga un tipo de competidores cuyos propietarios son familias que viven en el mismo inmueble donde está el supermercado, o el negocio de textiles, y no están interesados en feriados.

También hay sectores que ejercen una especie de “resistencia preventiva” anticipándose a lo que imaginan que podría venir, con argumentos tipo: “No, porque después vendrán por todos los feriados”. Es el ‘no’ ideológico que se opone a toda iniciativa de este gobierno.

¿Qué hacer con las localidades que no tienen movimiento turístico alguno?, que son amplia mayoría en el país. ¿Qué hacer con las que tienen un perfil industrial, o comercial? donde toda paralización significa pérdida. No es igual Mar del Plata o Victoria, que Rosario o Paraná donde el turismo no es significativo. En las ciudades donde el turismo pesa mucho en la economía, pelearán a capa y espada por conservar esos momentos del año que les salvan alguna ropa, es obvio, mientras los restantes argumentarán que ellos también quieren trabajar y los paralizan con feriados.

En fin, si realmente se discutirá este tema en el gobierno nacional y no es solo un globo de ensayo para escuchar opiniones, todo debate será inútil porque los distintos grupos de interés difícilmente se pondrán de acuerdo. Algunos asumen que el comportamiento del turismo cambió; ya no hay visitantes por un mes, ahora se usan los períodos cortos que convierten en fundamentales los fines de semana largos. Sin embargo el apagón laboral de cada enero desmiente esa teoría. Si estamos de acuerdo en que ahora se usan cortos, entre otros aspectos a reformar también se debería fraccionar en varias salidas al año las vacaciones de los empleados y no obligarlos a tomarse todas de una.

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