Como adelantara Paralelo 32, además de la participación de Belén Guiata, quienes siguen nuestras páginas, también iban a tener el aporte de la experiencia de Gustavo ‘Carachón’ Pereyra, otro ‘trota desafíos’ de las siete colinas que se dio el gusto de afrontar un ambiciosos objetivo, cruzar los Andes y unir Argentina y Chile, en un recorrido de más de 100 kilómetros, en 3 etapas por paisajes y climas variados y la resistencia que a cada paso va marcando la naturaleza.

Gustavo contó que esta locura empezó después de correr la Maratón -42km- de Rosario 2016, cuando le dijo a su entrenador “ahora quiero hacer el Cruce, anda planificando los entrenos”, la rápida respuesta fue que primero descansara y después sí, ambos se sentarían a imaginar cada etapa de entrenamiento con el objetivo de llegar lo mejor posible al final del recorrido. Recuerda que empezaron en agosto, con etapas de gimnasio, entrenos largos entre las colinas y natación como para aflojar los días duros, “no me detenía el frío, la lluvia, el calor, yo sabía que si no entrenaba, seguro iba a sufrir o a pasarla mal en alguna de las 3 etapas” manifiesta y sostiene que fueron seis meses duros pero dieron sus frutos, ya que disfrutó cada kilómetro recorrido en la carrera.
La carrera

“Es única, no se puede explicar con palabras los paisajes que uno observa, quedarán en mi mente para siempre, en general no tuve ninguna complicación durante la recorrido, a disfruté mucho cada momento, fue el objetivo principal, además de llegar a la meta tenía claro que no iba a pasear, mi objetivo era terminar ‘entero’ como se dice, y realmente me fue mejor de lo que imaginé” asegura y reconoce que si bien en ningún momento sufrió, por momentos se preguntaba que estaba haciendo en ese lugar pudiendo estar en su casa tranquilo, “son esas contradicciones que aparecen seguramente cuando empieza a pesar el cansancio” analiza.

En lo que respecta a la organización “no encontré ninguna falla, ningún aspecto negativo, todo organizado minuciosamente en cada detalle y hay que destacarlo” afirma, porque “entiendo que para planificar y desarrollar semejante evento se necesita una estructura de trabajo muy grande, una logística inmensa en cuanto a tecnología y recursos humanos para que nada salga fuera de lo previsto o pueda llegar a fallar y jugar en contra de los participantes”.

Compañeros de ruta

En cuanto a los compañeros de trote de la carrera dice que “Había mucha buena onda, mucha camaradería entre los competidores, ya sea en los campamentos o en la carrera misma. Si te caías o trastabillabas, tenías un corredor cerca, te preguntaba como estabas y pedía que no te detengas, había palabras de aliento casi en forma constante porque cada etapa tiene su particularidad y también sus inconvenientes, sus dolores, a la mayoría les pasaba lo mismo, te metías en el agua helada de los lagos y ayudaba muchísimo a la recuperación para pensar en el próximo día, que seguro iba a ser duro” detalla, no pierde nunca la energía y al mismo tiempo la calma en el relato que también tiene pasajes emotivos porque aún están muy frescas esas sensaciones que pueden percibirse cuando el cronista las escucha, cuando las vuelca en el texto o cuando empieza la corrección antes de imprimir el papel.

Los metros finales

“El día que llegas, cruzas la meta y te colocan la medalla que es enorme y hermosa, sentís una emoción enorme, me acordé de mi esposa, de todos los entrenos que sufrí el frío o el calor, y decís: lo hice!?, lo logré nomás!, se te caen las lágrimas porque estas sólo, aunque el afecto de la gente te levanta. Me dolían las piernas, perdí una uña, se me hinchó un tobillo y hasta levante fiebre, pero llegué. Fue una experiencia hermosa, que te impacta, todavía al contarla se me pone la piel de gallina, es algo único como he dicho tantas veces” afirma con alegría, convencido que valió la pena tanto sacrificio, apostar al esfuerzo, sumar tanto a cada entrenamiento para semejante recompensa que llega en un momento si se hacen las cosas responsablemente.

Recupera el protagonismo en el relato y dice que está feliz y muy contento de haber cumplido otro sueño y nada hubiese sido posible sin el apoyo su compañera de la vida, y de todos los que lo alentaron y ayudaron a hacerlo posible, “ya veré que otro objetivo me propongo, eso sí siempre levantando un poco más la vara, quisiera agradecer a mi esposa Fernanda Ríos por el apoyo en todo momento, a mi familia, a mi entrenador desde ya hace varios años Beltrán Valebella, que además es mi amigo, a Golito Balbi, Andrea Bussi, Leandro La Barba y Lujan Soto que aportaron elementos para la carrera” finalizó el relato y sumó un hermoso testimonio de entrega y lucha por un objetivo.

 

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