Victoria.- Si bien el mes recién comienza ya hay quienes empezaron a realizar su balance de fin de año o respirar el aire del espíritu navideño. Sin embargo, más allá del significado capitalista en el que muchas veces deviene la Navidad, cabe recordar su base religiosa primigenia. Para esto, hablamos con el cura párroco de Nuestra Señora de Aránzazu, Héctor Trachitte.

“Estamos en tiempo de adviento. Esto significa advenimiento, llegada, estamos esperando algo importante”, explica el sacerdote. Asimismo, prosigue: “La Iglesia, que es madre, maestra y sabia, nos prepara siempre para celebraciones importantes con estos tiempos especiales. El tiempo del adviento son cuatro semanas antes de la Navidad”.

Trachitte dice que el tiempo de adviento tiene que servir para sembrar el recogimiento, la escucha de la palabra, la contemplación de la vida y el balance del año. “Estamos con la iniciativa de oración, preparación y organización de nuestra vida para el acontecimiento salvador importante de la humanidad entera que es el nacimiento de Jesús”, comenta.

Así las cosas, el cura resalta el amor de Dios. “Dios mira nuestros pecados con amor porque quiere ayudarnos y nos quiere salvar. No es un Dios que castiga, que discrimina, que juzga, que dice vos sí o vos no, por tu elección política o sexual. Dios ama a todos, nosotros somos los que entreveramos las cosas”, sostiene.

En este sentido, asegura que la Iglesia se implica en los temas cotidianos porque es la encargada de curar el alma de las personas. “La opción siempre es personal, porque Dios te hace libre, lo puedo aceptar o no”, acota.

Llegado a este punto, Trachitte argumenta que la naturaleza del hombre es de trascendencia y que por eso es importante creer en Dios. “Cuando el hombre no trasciende, después vienen las dificultades porque se quedan en el llano”, indica.

—¿Cómo deberíamos vivir como comunidad la preparación para la Navidad?

—Sobre todo pensando en el otro. El Señor dice en su palabra: “Les dejo un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros como yo los he amado”, y estamos esperando el nacimiento de Jesús. Jesús ama al otro como es, lo comprende, lo acompaña, lo ayuda, lo fortalece y también lo asiste. No tenemos una fe de asistencia porque nosotros no somos espiritas sociales. Hay que asistir al hermano en todo y si éste necesita algo material hay que estar y darle de lo tuyo. El otro día nosotros tuvimos una jornada de oración por el pobre, puesta por el Papa Francisco a nivel mundial. ¿En qué consistía esa jornada? En rezar. Pero también en gestos concretos con una persona necesitada, que puede ser material o espiritual. Entonces, no se trata de venir a traer bolsas de ropa para Cáritas, sino de que cada uno en su barrio y en su casa vea qué necesita ese hermano. Se trata de tener contacto real con el hermano.

De esta forma, el cura párroco criticó que a veces ciertas personas se contentan con llevar pulóveres en enero a la Iglesia o remeras de mangas cortas en julio. “La jornada de oración por el pobre no es para vaciar el ropero. Es para que tengas contacto, que en el rostro del pobre veas el rostro de Jesús”, reflexionó.

“Tenemos muchos pobres materiales, pero tenemos muchísimos más pobres espirituales”, dice. Conforme a lo anterior, se explaya que se trata de gente deprimida, con fobias, miedos, sin fuerzas o ganas de vivir. “Este tiempo de adviento sirve para reflexionar sobre eso y preparar el corazón para que llegue Jesús y nazca”, continúa.

—¿Por qué nos preocupa la Navidad?

—La Navidad es un tiempo muy importante porque nace Dios. Nosotros celebramos el nacimiento de Dios, que es Jesús, el hijo de Dios hecho hombre que viene a nosotros. Nace por obra y gracia del Espíritu Santo de María Santísima. Al nacer Dios viene a traer luz al mundo. Entonces, muchas veces, cuando uno no está en el camino de la luz, eso le preocupa. Desde siempre la fe molestó en eso. ¿A Jesús por qué lo seguía la clase dirigente? ¿Por qué se enojaron tanto con Jesús cuando fue al templo y volteó las mesas de cambio? Porque habían hecho un comercio y una corrupción, valiéndose de Dios, que era tremenda. Jesús fue a denunciar eso. En otro sentido la Navidad molesta porque nos lleva a meternos en nosotros mismos, y no a muchos les gusta hacer esto cuando no estás espiritualmente preparado.

Finalmente, Trachitte concluye que la Navidad es un tiempo de amor y de paz en el que hay que pensar en el otro. “La fe te hace libre. Un corazón con Dios es un corazón libre”, culmina. Y más allá o más acá de toda fe, el mensaje en el que insiste, cada vez que el diálogo se lo permite, es en la importancia de acompañar la oración con acciones concretas. “Hay que asistir al hermano en todo”, repite.

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