El pasado sábado 17 de junio se cumplió el tercer aniversario del fallecimiento del médico veterinario Alberto (“Tito”) Duarte. Terminó sus días en la casa que edificó trabajando duro junto a su esposa Elsie Moleta, que fue todo su capital en casi medio siglo de trabajo intenso, promoviendo en nuestra zona la mejora genética de bovinos raza carne, lechera (Holando) y cerdos. Organizando además ferias y remates de reproductores, ayudando a fundar cabañas, instando a los productores más comprometidos a participar de concursos lecheros y ganaderos. El objetivo de su vida fue que la producción zonal buscara la excelencia, y lo logró con creces. También se lo recuerda como mentor y organizador del Primer Encuentro de productores Holando, con remate de toros reproductores, quizás el único, que se recuerda en Crespo.

Deliberadamente hemos señalado cuáles fueron sus bienes al final de su vida, porque en esa mención resumimos la opinión unánime de muchos productores en cuanto a que ‘Tito’ Duarte no buscaba negocios sino la superación y el bienestar de la gente de campo.

Hombre de profunda vocación, heredada de su padre, desde sus años de estudiante se preocupó en el mejoramiento permanente en las diversas especies, de ahí que haya conocido un sinnúmero de cabañas de las mejores razas, ovinas, porcinas, bovinas, avícolas. Con su  llegada  a Crespo, a fines de la década del 60, se preocupó y ocupó en el mejoramiento de los nacientes tambos de la zona, principalmente en la raza lechera, Holando, habiendo incursionado en los mejores centros genéticos del país, entusiasmando a los tamberos de la zona para lograr mejorar rendimientos. Estos emprendimientos los realizaba con los productores socios de La Agrícola Regional (donde prestaba servicios), que permanentemente lo consultaban y que abnegadamente “Tito” los asesoraba profesionalmente.

Acompañó a varios tamberos en concursos lecheros de la zona, del cual era un entusiasta propulsor, con una sana competencia, demostraban los mejores rendimientos en litros de leche en sus planteles. Muchos ganaderos modernizaron sus reproductores y sus vacas, ofreciéndoles asesoramiento en el gestionar de una manera más eficiente y despertando en los mismos la inquietud de apoyarse más en la ciencia, que ofrece distintas alternativas en lo que hace al mejoramiento de la raza y en la gestión operativa. Acompañó a muchos productores a fundar sus propias cabañas para lograr mejor genética comercializando los toros que se obtenían y se exponían en diversas muestras de la provincia de Entre Ríos y otras provincias. Ayudó a fundar cabañas que fueron exitosas en el tiempo.

Facilitó que muchos noveles cabañeros visitaran los mejores establecimientos ganaderos del país en las distintas razas, de donde traerían los nuevos reproductores. Todos estos emprendimientos los realizaba con el mayor de los entusiasmos y sin ningún tipo de interés económico, dándose por cumplido cuando los emprendimientos nacían y se consolidaban en el tiempo. Muchos toros de las cabañas que originó el doctor Duarte, salieron con destino a mejorar la clase en otras zonas de la  provincia y provincias vecinas, expandiendo los beneficios que significa tener buenos reproductores nacidos y criados en la zona. Posteriormente se ocupó de la porcina, actividad que era desarrollada familiarmente en la zona como anexo a otra principal (tambo, avícola, etc.), mientras que en otros lugares del país ya era una importante y nueva fuente de recursos, de ahí que Alberto haya pensado en el primer eslabón del emprendimiento –Cerdos Reproductores-. Se apersonó en diversas cabañas porcinas de Córdoba y la provincia de Buenos Aires, interesando a sus titulares a realizar anualmente un remate especial de cerdos en la ciudad de Crespo. En poco tiempo se realizó el primero y se sucedieron en el tiempo. Este emprendimiento lo realiza actualmente La Ganadera de Ramírez.

Su espíritu inquieto y emprendedor hizo que entusiasmara a las autoridades de la Cooperativa de Ramírez a realizar regularmente el Remate Anual Especial de Reproductores, donde confluyen cabañas de distintas razas de diversos lugares del país. En estas muestras el doctor Duarte fue uno de los primeros jurados de admisión, tarea que realizó durante varios años.

Gran conocedor –también- de la especie equina, asesoró a quienes concurrían a su veterinaria para conversar e informarse sobre el particular. Convencido de que su profesión debía servir a terceros en su emprendimientos económicos, participó en diversos congresos y dio charlas de su especialidad en distintos lugares de la provincia y de provincias hermanas, también propició que en las fiestas de la avicultura se expusiera ganado mayor, a fin de que los destinatarios se informaran directamente.

En el aspecto social-comunitario formó parte de diversas instituciones de la ciudad, habiendo ocupado el cargo de representante legal por varios años en el Instituto Comercial Crespo. Comprometido con la educación también, colaboró con los estudiantes de Cs. Veterinarias en orientarlos y guiarlos para que continúen y concluyan sus estudios, ofreciendo en muchas oportunidades su veterinaria para efectuar las pasantías correspondientes.

Introdujo la modalidad de viajes de estudio en la facultad de Veterinaria de Corrientes, ya que desde Crespo proponía que los cursos terminales concurrieran a nuestra zona a visitar distintos establecimientos industriales, ganaderos, tamberos.

Como resumen de esta pequeña reseña profesional del Dr. Alberto Francisco Duarte, diremos que, fue el veterinario que comprendió que la profesión posibilita al hombre de campo unir su experiencia con el conocimiento científico, para la obtención de mejores resultados. Entendió que la profesión no es un trampolín para la realización económica personal, ni para procurar el halago, ni tan solo para curar. Para él fue la oportunidad de servir a la sociedad productiva promoviendo su desarrollo y superación.

 

(Agradecemos la colaboración para este homenaje, de su amigo el Contador –y productor- Juan Jorge Tomassi)

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