Dos testimonios enternecedores de lo que significa entender que para ser padre no se precisa llevar la misma sangre

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Crespo– Este domingo 17 de junio se conmemora un nuevo Día del Padre, del referente, guía, acompañante y estimulador de la experiencia vital de los hijos. Un hombre con amor, voluntad y presencia. “La sangre es un complemento”, dice el  escritor y periodista, con formación en sociología y psicología existencial, Sergio Sinay, en uno de sus tantos libros sobre vínculos humanos.  “No sabría cuál es la diferencia, con un padre biológico, uno se olvida de la sangre, es mi hija, no hay diferencia” sostiene Juan (48) papá del corazón de Luisiana Selene de casi 3 años. “Crié a mis sobrinos prácticamente a todos, pero no es lo mismo, se siente otra cosa, algo inexplicable. Con los sobrinos hay un límite y cuando uno es papá el  amor de padre no tiene límites”- opina.

“Ser papá no deja de ser una elección, porque los chicos lo eligen a uno”, argumenta Leandro (39) papá del corazón de Rosario (12).

Para nuestros entrevistados, los padres del homenaje de hoy, adoptar fue una de las decisiones más importantes de la vida, cuando pensaron en formar una familia y vieron que la naturaleza no los ayudaba. Nada se compara con la maravillosa realidad de ver crecer ante sus ojos a sus tan esperadas niñas.

“Los primeros días son un torbellino – recuerda Leandro- porque es una vida que aparece de repente, viene todo muy rápido  y hay que asociar los tiempos del otro a los de la pareja. En nuestro caso tuvimos que buscar escuela y ocuparnos de organizar todas las actividades para una niña de ocho años, algo para lo que uno no está preparado cuando es primerizo”.

“Fue un día de muchos nervios, cuando nos entregaron la nena. Estuvimos una semana de vinculación hasta que pudimos traerla, por suerte se adaptó enseguida”- recuerda Juan y no deja de repetir cómo esa personita le cambió la vida. “Nunca pensamos que nos darían una criatura tan chiquita, es un cambio total, nos cambió el ritmo, las costumbres, no tiene precio verla crecer, jugar, ir de acá para allá”.

No siento que no sea de mi sangre

Luisiana llegó a su vida y la de Norma, su esposa, después de doce años de espera, de entrevistas, idas y vueltas, mucha burocracia. Casi desalentados hace dos años una luz de esperanza los enfrentó con el día en que recibieron su hija en brazos. “La tuvimos seis meses de guarda primero, ahora tenemos que esperar la visita de una asistente social y pensamos que ya va a pasar a ser nuestra”- especula sobre las expectativas de la adopción definitiva.

“Nos desespera cuando se enferma, por suerte ahora que es más grandecita ya dice lo que le duele”- señala Juan, que se derrite ante esa dulce vocecita que le dice papá. “Eso es impagable. Mi señora tiene una tienda, viajamos y por ahí nos llama por teléfono papi, mami, ¡faaaa!, ¡da escalofrío escuchar esa vocecita!”

Los fines de semana son para ella. “Trabajo de lunes a viernes, sábado y domingo tratamos de salir, llevarla al parque si está lindo, a mirar vidrieras, que a ella le encanta hacerlo; salta, nos abraza y agarra de la mano”- relata Juan que disfruta de los pequeños grandes gestos de su mimada niña.

“Por ahí se enoja mi señora que la mal enseño. Pero si llora, ahí estoy. Hoy ella quería un helado (risas), un frío, ¡pobrecita!, fui y le compré helado (risas)”- dice este papá complaciente de su nena. “Hay que aprovechar y disfrutar los hijos. A veces cuesta, me llama para jugar, uno está cansado, pero hace el sacrificio, ella está sola muchas veces”.

El matrimonio va por una segunda adopción. “Que sea una compañía para ella – piensa el papá-. Hicimos los trámites este año, esperemos que vaya más rápido y empiecen las entrevistas, porque los chicos crecen en los hogares y el tiempo se va dilatando”.

Para Juan todos los días son distintos junto a su hija. “Siempre hay algo, una picardía. Encima últimamente tiene cada ocurrencia que asombra, por la edad, nos deja con la boca abierta, le gusta hacer bromas. Le pregunto ¿querés la leche? Sí, por favor, contesta. No sé de donde salió ese por favor (risas). No hay tiempo de aburrirse, no puede estar quieta, tiene mucha energía y nos da mucha energía a todos”- detalla.

“No siento que no sea de mi sangre –afirma-. Por ahí una madre tal vez siente porque lleva la vida en su vientre, pero un padre no sé si habrá diferencia más uno que lo está esperando tanto tiempo. El amor es algo único y la paciencia lo principal”- sostiene sobre lo que implica la crianza de un hijo.

Entre sus desvelos de padre porque nada le falte, también están los pequeños gestos. “Le preparo la leche todos los días cuando me levanto de la siesta y la llevo calentita, a tres cuadras, al negocio donde está mi señora”.

Nos eligió antes de nacer

Leandro y su esposa Natalia, después de infructuosos intentos para lograr la concepción, se inscribieron en el Registro Único de Adoptantes, apenas se creó, alertado de que les aguardaría un largo proceso. “En ese tiempo los dos necesitábamos canalizar afectos y empezamos a buscar dónde ayudar. Acá había mucha gente colaborando con causas locales y decidimos salir”. Una amiga de la señora los convocó en ese momento para ser padrinos de una niña en un Hogar de Paraná. “Nos hicieron una entrevista las asistentes sociales y nos dijeron acá no se puede adoptar. Seguimos yendo todos los fines de semana a hacer actividades con las nenas, les llevábamos dibujos, pinturas, para hacer collares”. Transcurrido el tiempo, una mañana fueron citados para una entrevista al Consejo del Menor. “En ese mismo viaje nosotros decidimos que no era necesario adoptar un chico de cero a cuatro años como habíamos pedido o lo más chiquito posible, porque los otros tienen la misma necesidad, y ampliamos hasta 8 años” -recuerda.

“Nos tocó una nena que es un amor, amiga, compañera, sabe todo, es despierta y no hay que explicarle nada, ella sabe de dónde viene y a los brazos de quien llegó. No pide auxilio pero necesita un abrazo. Por eso digo que ella nos eligió a nosotros porque estaba en el hogar al que íbamos y surgió que ese mismo año, antes de fin de año ya se quedó en casa”- relata el papá, dichoso del ser que ilumina sus días.

Lograron una adopción simple “sabemos que Rosario es nuestra hija, pero también es la hija de la vida, los hijos son todos prestados; hace cuatro años que está con nosotros. Se quedó para unas fiestas y después no volvió más al Hogar. Al año lo cerraron, se fueron todas las nenas en adopción”.

 

¿Por qué decís que ella te eligió como papá?

– Porque por Rosario pasaron tres carpetas, cuando pasaban carpetas, iba al juez y le decían esta familia te quiere adoptar y ella decía no quiero. A nosotros nos vincularon primero con unas salidas cortitas y ella hizo todo lo esperado, fue al juez, habló y estaba todo decidido. Nos eligió a nosotros. Tengo mis creencias de que esa hija ya nos eligió antes de nacer y nosotros a ella antes de que viniera a la vida, entiendo que está predestinado a que sea así.

 

Para Leandro, con Rosario en su vida, el día del padre es todos los días. Se siente orgulloso de ella porque es compañera, amiga, entiende, obedece, estudia. “Le va como a todos los otros chicos, algunas bien, otras mal, es muy casera y como trabajo en casa está todo el tiempo conmigo”. Para él es solo mirarla a los ojos y saber que está enamorada de la familia. “Eso me llena de orgullo”- cuenta.

“Un hijo cambia la vida –señala – trae el aire fresco que necesita un hogar. Con Rosario, empezamos a vivir mi mujer, yo y la perra porque también le trajo esa cuota de vitalidad y de recreación, del berrinche, de reírse, es la calidez que hace falta en una familia”.

 

Junto al testimonio de estos padres, que tuvieron la decisión de ser papás porque entendieron que no se trata de llevar la misma sangre, sino tener la voluntad de hacerlo y eso es algo que surge desde el corazón, vaya el homenaje y el saludo a todos los papás que también viven las historias con o sin panza, a su manera; con amor y de corazón, con vocación y decisión de ser papás.

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