El Dr. Alberto Gerónimo Cerini es productor agrícola e integra el grupo CREA Victoria a partir de su emprendimiento El Hinojo SA (con granja de cerdos donde contabiliza 600 madres, y una producción del orden de los 18 mil capones). Atento a los problemas de competitividad que atraviesa el sector, decidió encarar un trabajo de análisis donde deja en claro las serias dificultades a la inversión, el agregado de valor y que repercuten en la generación de empleo.

En este sentido planteó a Paralelo 32 que el contexto desfavorable tiene varias aristas, algunas nuevas y otras que son de larga data, “si bien ha cambiado el gobierno y el discurso para el agro, me llama la atención que no se haya intervenido en problemas serios que arrastra la producción agroalimentaria, y que no implican mayor costo fiscal; fue entonces cuando me puse a anotar varios ítem que afectan a empresas como la nuestra, y así surgió este trabajo”.

Cerini trajo a colación uno de los anuncios que hizo el gobierno donde ponía de manifiesto que su política principal sería precisamente fomentar las inversiones, generar empleo y la agregación de valores, sin embargo resalta que para que ello ocurra deben replantearse algunas máximas que siguen vigentes: “por un lado la discriminación del agro, por ejemplo en el tema de la clasificación de las pymes, y es insólito porque por ejemplo un estudio contable tenga un tope mucho mayor que el de un productor agropecuario que requiere invertir permanentemente, y este esquema viene de arrastre, y piensa que quizás no lo han visto, pero va contra la inversión y la agregación de valor”.

El entrevistado insiste en este punto anclando el ejemplo a su inversión en la granja de cerdos, “nosotros posiblemente dejemos de ser PyME, pero una de carácter comercial tiene tres veces los límites nuestros, y dejamos de serlo precisamente por la agregación de valor no porque seamos una empresa grande con todas las letras; esta decisión de inversión nos excluye de esta clasificación. Las pymes pequeñas, por ejemplo de carácter agrícola (con límite de 13 millones) ya casi no existen, porque con la superficie que tienen no llegan a comprar un tren de siembra o trilla”.

Las Mini PyMes del agro tienen un límite de $ 2 millones de facturación anual, mientras que las de  industria y de comercio el límite es de $ 7,5 y de $ 9 millones. Las PyMES pequeñas del agro, tienen límites de  $ 13 millones de facturación anual, mientras que en la industria el tope es de $ 45 millones y en el comercio son “pequeñas” hasta $ 55 millones. 

El ‘IVA’ que no vuelve

Otro tema, que a consideración del productor es el más serio de todos, “y que conspira contra la inversión y el agregado de valor es el IVA. Lo han desnaturalizado de forma tal que para nosotros es un impuesto a la producción… ¡para nosotros y para la mayor parte del campo!”.

Y es que como explica Cerini en su trabajo, el impuesto al valor agregado “Se acumula con los impuestos a las exportaciones de granos. La naturaleza neutral del impuesto al valor agregado ha desaparecido porque la normativa del IVA para la agricultura genera permanentes e  irrecuperables  saldos a favor del productor. De esta manera financia al estado con su capital de trabajo a tasa cero y con el capital propio expuesto a la inflación. Innumerables son los productores que nunca han depositado IVA a favor del Fisco por tener en forma permanente saldos a favor. Los más castigados por el IVA son los productores que más invierten, porque siendo neutro o negativo el balance del impuesto en los cultivos, el IVA de las inversiones acrecienta el saldo a favor. Resulta paradójico que con este Gobierno Argentina mantenga políticas  anti inversión, y a favor de los pools de siembra que producen sin hacer inversiones en activos fijos”.

Y más adelante precisa que “el IVA con tasa discriminada genera saldos técnicos irrecuperables: La alícuota general del  IVA es del 21%, y para los granos y la hacienda vacuna la tasa es del 10,5%. Originariamente la tasa para el agro era la general, pero fue reducida hace varios años alegando  la imposibilidad del Estado de controlar la evasión, y no obstante la oposición de las entidades del agro, en especial de la Sociedad Rural Argentina, que anticipaban la generación de irrecuperables saldos a favor del contribuyente que transformaría el IVA  de un impuesto neutro (que no altera la economía -N.R.) en un costo de producción tanto financiero como económico”. Cerini reconoce que este Gobierno ha intentado acelerar los plazos, “pero estamos en marzo y están liquidando julio y agosto de 2016; ante este panorama uno tiende a considerar que es una apropiación indebida”.

En otro extracto del informe,  también se refiere a esta tasa del 10,5% y su afectación al interior respecto de la zona núcleo.  “Los rendimientos de la agricultura en el interior son menores a los de la zona núcleo, y normalmente tienen mayor costo, por requerir mayor gasto en fertilización y control de malezas y plagas. O sea, tendrán mayor gasto de IVA en los insumos y menor ingreso por rendimientos físicos menores. Queda claro que todo el régimen del IVA aplicable al sector rural está diseñado en beneficio de la pampa húmeda, y conspira contra el interior productivo, castigando en mayor medida a los suelos de menor productividad (por el balance negativo del IVA en los cultivos de suelos de menor potencial)  y a los productores que estén más lejos de los puertos o grandes centros de consumo (por ser del 21% el  IVA de los flete).  No es sólo la falta de barcos y trenes la limitante de la producción del interior”.

Esta caracterización de la situación, va más allá: “antes cuando una salía a la ruta veía una casita de familia con una economía de sustentabilidad en 50 o 100 has. Eso hoy es tapera, no existe más ese rango de producción, y cuando nos preguntamos la causa aparecen todos estos elementos, con una carga administrativa para el sector que ningún otro sector de la economía tiene”.

Mensaje erróneo

El 70% de la agricultura se hace sobre campos arrendados, y bajo esta premisa Cerini pone el acento de que cuando un propietario ve el mensaje que se emitía desde el gobierno, destacando la actividad como un negocio fabuloso, impactaba negativamente en la renegociación de ese alquiler, solapando el verdadero escenario con imponderables como los que debió atravesar Entre Ríos, con la pérdida del 40% de la cosecha en abril del 2016, “aquello generó un inmenso IVA técnico a favor del productor porque invirtió para producir supongamos 30 quintales y le introdujo 18, la negatividad del IVA le agrandó el saldo técnico, le quitó capital de trabajo. Encima debemos escuchar desde otros sectores frases como: el gobierno le da todo al campo… no es tan así, además no estamos en 2002 o 2003 que teníamos una rentabilidad superlativa; hoy el negocio es rentable pero no una fantasía”.

Sobre el final de este concienzudo trabajo donde se abordan también aspectos crediticios, de infraestructura, y excesiva carga administrativa, Cerini insiste: “El sector hoy reconoce que el nuevo gobierno ha generado expectativas muy positivas con el retiro de la retenciones de las gramíneas, la unificación cambiaria y la derogación del sistema de roes. No obstante, la política agrícola no es clara y luego de un año de gestión no ha minimizado muchos de los problemas que frenan la producción, la inversión, el agregado de valor y la creación de empleo”.

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