En medio del debate por la legalización del aborto, nos encontramos con un aporte distinto, que quizás no tiene tanta prensa y que se enfoca en el acompañamiento de la persona en su entorno.

La promoción de la práctica del aborto tiene sus argumentos, mayormente centrados en que se trata de un derecho, una alternativa válida de solución cuando hay una mujer en situación de embarazo difícil o, simplemente, no buscado.

Estos argumentos suelen ser objetados poniéndose de relieve la defensa del niño por nacer, o haciéndose referencia a los daños que la práctica de un aborto podrían traer a la mujer en primer lugar. Incluso aludiendo la inexistencia del derecho a elegir si ser madre o no, ser padre o no, cuando ya se lo es desde el momento en que hay una fecundación.

Lic. Viviana Endelman Zapata

La Lic. Viviana Endelman Zapata (*), resalta la importancia de llevar esta cuestión a una clave más profunda, trascendiendo la sola argumentación y, sobre todo, el debate, para introducirla en un diálogo reflexivo, propositivo, lúcido. Un diálogo que parta de la realidad, que mire a la persona, que esté acompañado de un compromiso con el bien integral de la mujer que podría pasar por la práctica de un aborto”.

En este sentido agregó que algo que dificulta bastante para tomar esa dirección es: “El vicio de usar a la mujer como argumento para exaltar la causa del aborto, sin llegar a una preocupación genuina, y mucho menos a la ocupación concreta, en esa mujer, en lo que está viviendo. Vicio que se hace más que evidente, por ejemplo, en los llamados ‘casos puestos o armados’”. 

– ¿Qué son los casos puestos o armados?
– “Se exponen con dramatismo casos que involucran a embarazadas que transitan, generalmente, situaciones límites (violación, riesgo de vida) con el objetivo de persuadir sobre la necesidad de avanzar con el aborto. Al presentar periódicamente ante la opinión pública casos de profundo dolor se busca encender el debate sobre el ‘aborto como solución’. Se lucha por una causa, y muchas veces por una ideología, dejando a la persona en segundo plano”.

A tal respecto, agregó: “He visto este vicio de usar a la mujer también de modo contrario. Al punto de enarbolar la causa de la vida sin prestar la atención suficiente a la persona en su realidad”.

Una experiencia concreta

Viviana compartió una experiencia personal al respecto, “Me pasó a la hora de buscar acompañar a una mamá en riesgo de aborto. Nos enteramos por los medios de comunicación que en un hospital de la zona (zona oeste de Buenos Aires –N. de R.) estaba internada una mamá jovencita de unos 5 meses de embarazo. Su madre había presentado varios recursos pidiendo la práctica del aborto, pero en ese lugar se habían negado justificadamente a tal práctica”.

Nuestra interlocutora llamó a un doctor “para pedirle algún contacto y poder acercarnos al hospital y acompañar en esta situación”. Fue entonces que le dijo: “quédense tranquilos. La batalla está ganada. No creemos que aborte pues ahí en ese hospital hay gente que se define por la vida. Ya está todo bien encaminado”.

Tras despedirse, a Viviana le quedaron preguntas para hacer: “¿Cómo está esa chica? ¿Cómo llega al  hospital? ¿Cómo se la puede acompañar? ¿Cómo seguirá después? Sólo recibo esto de ‘la batalla ya está ganada.  No le van a hacer el aborto’… ¿Y todo lo demás? No me quedé tranquila, con el  ‘está todo encaminado’. Incluso, sucedió que la sacaron de ahí y la llevaron a un lugar donde sí le hicieron el aborto. ¿Qué significa la batalla ya está ganada? En este contexto que comparto, parece más el trabajo por una causa, que un enfocarse en la persona y sus situaciones”.

Y en este contexto, agregó un ejemplo más: “para que se entienda este vicio al que quiero aludir: Se publica un video con el testimonio desgarrador de mujeres que han abortado. Hacia el final, aparece una frase casi fundida con la última imagen de un rostro marcado por la angustia y el arrepentimiento: ‘si mataste a tu hijo, no hay remedio’. ¿Está la causa de la vida por encima de estas mujeres que se expusieron llenas de remordimiento? ¿No se cae, de alguna manera, en instrumentalizar a las personas que aceptaron compartir su dolor (y a las que lo experimentaron aunque no lo hayan contado), para sumar defensores a esta causa? Es como tomar el dolor de alguien y terminar de hundirlo personal y públicamente persiguiendo un impacto, una victoria. Obviamente, sin intención de hacerlo”.

Viviana añadió que no se trata de dejar de mostrar las secuelas post-aborto a través de testimonios reales. Sino de cuidar a las personas que las padecen. “Las personas están por encima de las causas. Pequeños gestos pueden ayudar. Tan pequeños como, en este último caso que comenté, evitar una frase final con toda la fuerza para desencadenar efectos contrarios a la vida”.

Y continuó: “No creo que ayude enarbolar banderas, sin concentrarse en esa mujer como persona con una historia, con un presente, dentro de un contexto, con frustraciones, con expectativas, con dolores y preguntas”.

Imaginemos a esa mujer, a Romina, a Gabriela, a Lucía… Mirémosla atentamente. ¿Qué edad tiene? ¿En qué condiciones vive cada día? ¿Qué la llevó a pensar en un aborto? ¿Qué pasa con las presiones o disfunciones que la movían a buscar el aborto?  ¿Cuáles son sus temores?  ¿Cómo será su entorno vincular?…  Hay mucho más para mirar y mucho más para hacer”.

Embarazo en conflicto

El aborto aparece como una alternativa de solución ante un embarazo en conflicto: un embarazo en una menor o adolescente, no deseado, que vendría supuestamente a cortar una carrera, a delatar una infidelidad, un caso extremo podría ser por violación… en fin, no aparece por que sí. Hay presiones, hay situaciones, confusiones, hay dificultades. Y cuando aparece es con la suposición de que va a mejorar algo, de que va solucionar. Pero ¿se solucionan las situaciones que hicieron aparecer la idea del aborto? ¿Se resuelve la soledad, la precariedad vincular, no resuelve el mal trato, el menosprecio ni cualquier problemática de vida ya existente?”.

Las estrategias y tácticas puestas en acción que estén desenfocadas del problema real, aunque pudieran resolver al paso ciertas dificultades, se mostrarán tarde o temprano ineficaces para influir positivamente en la persona en conflicto. Los males (disfunciones) de los cuales dicho problema es indicador quedarán desatendidos y, probablemente, potenciados.

“¿Quién estará al lado de esa mujer a quien no se le acabaron los problemas con el aborto, y hasta le han aparecido otros? O de esa mujer que da a entender que simplemente lo hizo porque no lo había buscado y lo haría de nuevo si quisiera. No ayuda inventar soluciones que terminen creando problemas más grandes. No ayuda que nos engañemos con falsas salidas”.

Ponerse a lado de la persona, transcendiendo la causa, y procurando acompañarla para que aquellas presiones o dificultades que la inclinaron a considerar el aborto vayan despejándose, para dar paso a una vida de mayor despliegue, junto a la nueva vida que sigue creciendo.  “Si la defensa de la vida se reduce a una postura, un posicionamiento ideológico, un enfrentamiento de ideas y teorías, se reduce su posibilidad de provocar algo bueno en las personas y entornos de convivencia, en la cotidianeidad donde se juega realmente la vida.

Es un riesgo que también se corre si no se trabaja en red, articulando para dar respuestas, en un esfuerzo conjunto para favorecer un cambio positivo en las condiciones o el contexto que han presionado en dirección al aborto”.

(*) Licenciada en Comunicación Social, con Maestría en Desarrollo Humano, y un Doctorado en Ciencias de la Vida.

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