Contando cuentos en el velorio

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** País curioso el nuestro. Uno de esos chistes-verdad que circularon esta semana decía: “Aparece muerto Nissman y en uno de los lugares más top del país no anda ninguna cámara. Desaparece Maldonado y en medio del desierto, sobre una loma, había un tipo con un largavista”.

Una redacción ocurrente, que no quisimos repetir, le daba a la reflexión un tinte gracioso. Es que los argentinos nos caracterizamos por esa particularidad de ablandar con un toque de humor lo que más nos duele. Contar chistes durante los velorios es parte de nuestro folclore.

** El punto es que, si el joven mapuche realmente registró un hecho mirando con binoculares, sería una paradoja comparado con la falta de registros en el edificio del Fiscal asesinado, donde ‘casualmente’ no funcionaban las cámaras para verificar quien entra y quien sale.

Párrafo aparte para esta anécdota; falta ver si se confirma el testimonio del joven mapuche Matías Santana, quien le dijo al juez que con la ayuda de binoculares vio cuando se lo llevaban a Maldonado. También declaró y luego repitió ante la prensa, que a los binoculares los perdió un compañero de él. Para la justicia ese elemento es indispensable para peritar in situ las afirmaciones del joven.

** En este tema hay que ser tan contundentes en el repudio como mesurados con la opinión, y lo que menos se ve y oye es mesura. Por ahora se trata de una desaparición forzada en democracia, pero hay secreto de sumario sobre la investigación. Mientras tanto, alrededor se entreteje una maraña descomunal de opiniones desencontradas, seguramente algunas sinceras y otras intencionadas. Hay de todo, y por cierto, es tan miserable el que no se solidariza con la familia de Santiago Maldonado como el que hace un uso político del caso.

El duelo de la historia               

** Es todo lo que diremos en esta columna sobre el caso que nos duele (en otros espacios de opinión y análisis de este periódico seguiremos tratando el mismo), que debe dolernos a todos los argentinos, igual que tantos otros, similares o no, que no vamos a mencionar porque se podría entender como una intención de desviar el foco. Y esos “otros” no son solo los más emblemáticos, que siempre se recuerdan o mencionan para contrapesar. Hay miles olvidados o nunca mencionados.

** La Correpi (Coordinadora contra la Represión Policial Institucional), entidad formada por militantes de izquierda y de derechos humanos, registra 4.644 casos a los que llama de gatillo fácil, 70 asesinados en movilizaciones populares y 200 desaparecidos, desde 1983 a 2015 (no hay registros más cercanos). En 1996 cuando esta Ong comenzó su actividad se registraban 262 casos en democracia, los restantes 4.402 se produjeron en los últimos 19 años. Sobre muchos de éstos nunca hemos oído hablar porque sucedieron en provincias, en muchos casos contra los naturales de esta tierra.

Quienes deseen verificar los registros pueden ingresar a www.correpi.lahaine.com

Pungas del ciberespacio           

** En otro plano de la realidad, que nos ofrece tantas caras como la vida misma, la evolución de los tiempos nos asombra y mejora la existencia, pero trae consigo sus nuevos riesgos.

Cambian las formas de robar y estafar, pero la virtud e invirtud del hombre nunca cambian; se adaptan.

** Llevar “mosca” a un banco o retirarla de allí siempre fue muy riesgoso, pero se ha inventado ahora esto del Home banking, Canal Empresa, y otras giladas, mediante lo cual cobramos y pagamos con guita intangible. Se acaba el físico, se aproxima el fin de la plata en mano. El chorro aparece con un fierro y a los gritos y tenés que responderle: Tranquilo, tranquilo, ¿a qué cuenta te lo transfiero?

** Así las cosas, los delincuentes tienen la oportunidad de convertirse en hackers y dejar el trabajo sucio de andar a los tiros produciendo un inelegante olor a pólvora. Pasarán a ser chorros snob dedicándose al “choreo limpio”. De andar por ahí salpicando sangre, pasa a salpicar café sobre el teclado de su computadora, desde la cual se ganará el pan tratando de hackearle la cuenta bancaria a alguien.

Ya les pasó a muchos. Si no, que lo cuente Paolo Salinas, contador de la Municipalidad de 25 de Mayo (220 km de Capital Federal), o Roberto Testa, el Tesorero. Al primero le “pescaron” las claves de home banking y le “chuparon” 3,6 millones de mangos de la cuenta municipal, a fines del año pasado.

** Fue hasta gracioso, porque el hombre, queriendo controlar sus saldos, veía cómo éstos iban bajando y no sabía cómo parar la sangría. Le preguntó a Romina Mancha, la subcontadora, si era ella. “No”, le contestó Mancha desde el otro lado de la oficina, mientras dejaba su silla y se acercaba a la PC de Salinas. Ya eran tres viendo el mismo fenómeno. “Veíamos más y más transferencias de proveedores por valores muy grandes, lo veíamos todo en directo”, recuerda.

Relato de horas desopilantes              

** Mancha dejó el monitoreo y fue corriendo hasta la oficina de Ticera, la Secretaria de Hacienda. No golpeó la puerta cerrada para entrar. “Me interrumpe y me dice: ‘nos están robando, nos están robando’. Entonces miré alrededor para buscar un revólver, un ladrón. Pero no había nadie. ‘¡Nos están sacando plata de las cuentas!’, me aclara la subcontadora. No entendía nada. Dejé la reunión y corrimos nuevamente a contaduría”, recuerda. Ya con el doble chequeo, fueron a buscar al Intendente: “Salimos disparadas hacia el banco”.

** Salieron en tropel; intendente incluido; hacia el banco (a una cuadra de allí) a pedir que les bloquearan la cuenta, pero eso no se puede hacer sin la autorización del gerente que… ¿podés creerlo?… estaba de vacaciones. De yapa un chabón de los que nunca faltan los hizo calentar del todo diciéndoles que llamaran al 0800.

¡Imagínese! Esos sistemas no incluyen un número para esto, tipo: “Si le han hackeado la cuenta y le están afanando a cuatro manos, marque 8; si no, aguarde un par de horas hasta que nuestro personal –que ahora está obviamente ocupado- pueda o quiera atenderlo”.

** Las cosas se ponían tensas: “¡Llamen al Banco Central! ¡Emitan una alerta roja!”, les gritaban los municipales desesperados. Les dijeron, entonces, que nunca les había pasado algo similar. “¡Pero les está pasando ahora!”, los volvió a increpar Ticera. “Llamen al Banco Central”, les respondió otro bancario. “¡Y vos por qué no le llamás a tu hermana y le decís que…!”  Cosas así pasaban en la desesperación. Se iba la guita y el que se la chupaba era invisible.

Pescando en el cyber                  

** En ese punto, para no pegarle al ingenioso que los mandó al 0800; que es como mandarte a la mierda; salieron en malón hacia la comisaría (pegada al municipio), donde el Comisario por poco no les pidió que hablaran en castellano. Igual les tomó la denuncia y, rascándose la cabeza atrás de la oreja, se le oyó decir: “acá se roban vacas, un auto, una bicicleta, pero nunca había escuchado de un hackeo”.

Lo descolocaron, el caso no se resolvía ordenándole al cabo que vaya con sus hombres y lo traiga a cachiporrazos al muy ladino, por robo en flagrancia. ¡Porque era en flagrancia! Los funcionarios veían cómo retiraba de a cien mil pesos ante sus narices.

** Se supo que el contador, por razones de seguridad, guardaba las claves en su memoria, pero los delincuentes hicieron un phishing (salieron por la web a pescar incautos):

Semanas antes habían creado un sitio falso idéntico al de la Banca Internet Provincia, pero con un detalle en la dirección –que obviamente no puede ser la original–; en ‘banca’ suplantaron la ‘a’ por la ‘s’; un cambio imperceptible, y montaron un sitio en la dirección bancsprovincia.bancsinternet.com.ar

** Luego la posicionaron el Google mediante una técnica llamada black hat SEO, para que apareciera bien arriba. En algún momento el contador municipal intentó entrar ahí digitando las claves, que fueron capturadas por los delincuentes.

Él o los tipos tiraron un mediomundo y pescaron; parece que la Muni fue la única en picar. Solo de ella transfirieron tres palos y medio a las cuentas que abrieron seguramente con documentos falsos, cobraron y… los encontraron. Como autor de este cyberafano fue sindicado el piloto Nicolás Traut (hasta marzo 2016 compitió en Súper TC2000), esposo de la cantante y actriz Laura Miller.

** La Edad Digital llegó, está corriendo, y los chorros corren a la par.

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