El último informe del Observatorio Argentino de Drogas, realizado en 2015, reflejó una realidad alarmante en relación al consumo de alcohol en los adolescentes. En el país, quedó estipulada en 13,4 años la edad promedio en la que un joven toma contacto por primera vez con la bebida y, por su parte, el 71% de los argentinos entre 15 y 16 reconocía haber tomado alcohol al menos una vez en el último mes.

Pese a su apariencia de droga blanda, el consumo de alcohol en la adolescencia reveló graves secuelas a nivel cerebral a mediano y largo plazo. Así lo demuestra un estudio reciente -publicado en la revista Addiction Biology– y realizado en conjunto por la Universidad de Finlandia Oriental y el Hospital Universitario de Kuopio.

De acuerdo a los resultados de la investigación, el consumo crónico y extendido de alcohol en la adolescencia altera la excitabilidad cortical -las respuestas de la corteza cerebral a ciertos estímulos- y la conectividad funcional, que se vincula con el rendimiento de la actividad neuronal en distintas zonas del cerebro.

Para arribar a las conclusiones del estudio, los investigadores finlandeses siguieron los cambios que experimentaba un grupo de 27 adolescentes bebedores, tanto hombres como mujeres, de entre 13 y 18 años que, al inicio del informe, se mostraban como física y mentalmente sanos. Las variaciones que sufrieron a lo largo de la investigación fueron luego contrastadas con otro grupo de referencia de 25 jóvenes que habían tenido escaso contacto con la bebida.

El estudio se prolongó durante 10 años. Por lo tanto, los jóvenes que antes tenían entre 13 y 18 años fueron analizados con estimulación magnética transcraneal (TMS) entre los 23 y 28. Tal análisis consiste en emitir corrientes de baja frecuencia en la búsqueda de activar neuronas corticales y así captar las conexiones funcionales existentes. A su vez, se los estudió en forma simultánea con electroencefalogramas.

El grupo de los 27 bebedores frecuentes registró, en el TMS, una mayor actividad eléctrica general en la corteza vinculado a un ácido llamado gamma-aminobutírico (GABA), el principal neurotransmisor que inhibe el sistema nervioso central. El GABA implica reducción de excitabilidad neuronal, lo cual se asocia a cuadros de ansiedad, depresión y el surgimiento de distintos trastornos neurológicos.

En Argentina, el consumo de alcohol adolescente se refleja sobre todo en las previas que se instalaron, en forma definitiva, en los últimos años. Geraldine Peronace, médica psiquiatra y experta en adicciones, sostuvo: “Tenemos que tener en cuenta el crecimiento de consumo de alcohol. La mayor problemática no es el aumento del consumo, sino también la cantidad de previas y la extensión de las mismas”.

Los jóvenes encuentran en el alcohol una droga sin la mala prensa de otras. Intuyen que su consumo no traerá mayores inconvenientes y, por eso, en compañía de amistades se inician en la bebida a muy temprana edad: “Es gravísimo la disminución del comienzo de la edad del consumo porque además lleva de la mano a otros tipos de consumo. A partir de los 13 arranca el consumo de alcohol y comienza con bebidas fuertes, de 45° de graduación alcohólica”, alertó.

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