Crespo- María Laura Folmer, Florencia Gettig, Cynthia Guttlein, Delfina Seimandi, Dulce Gottig y Evelyn Stang son un grupo de estudiantes que desde chicas empezaron a participar de Olimpíadas de Matemática, primero en Ñandú y luego en el certamen OMA. Todas necesitaron una cuota de incentivo para ingresar al mundo de los números y lograron desmitificar una ciencia que a muchos asusta. Cursan el último año del secundario, en escuelas diferentes, pero forman un grupo nunca visto de entusiastas estudiantes mujeres, que perseveraron, triunfaron y están a un paso de terminar su participación en los certámenes que la Olimpíada les propone, por egresar del nivel medio.

Las invitamos para que hablen de su experiencia, de las veces que pusieron a prueba sus habilidades, conocimientos, capacidad de indagación y el pensamiento creativo. Pero también hablamos de su futuro más cercano, la universidad, que indefectiblemente en la mayoría de ellas estará atravesado por esta ciencia que las terminó cautivando.

María Laura, es flamante subcampeona primera de la Olimpíada Matemática Entrerriana. Se sumó a las Olimpíadas por insistencia de Guillermina, su hermana mayor, de gran desempeño también en sus años de primaria y secundaria. “Para mí –dice- es como percibir la matemática desde otro punto de vista, como que va más allá de lo que se aprende en  la escuela, no es solo cálculos y números, verla en otro ámbito está bueno”.

Atribuye a las Olimpíadas la oportunidad de buscar el propio camino para llegar a una solución. “Y que todo el proceso cuenta, no solo un resultado ni un número –opina- sino de qué manera lo pensaste, cuánta creatividad usaste para resolverlo, todo se tiene en cuenta”.

Cynthia destaca como gran mérito de las Olimpíadas que se deja de ver a la matemática como un ogro. “En parte-sostiene- es  como que se desestructura un poco su aprendizaje. En un principio puede ser que un estudiante de secundaria normal no vea la matemática como lo que realmente es para un chico de Olimpíadas. Ahora tengo que rendir el ingreso a la facultad y me es más fácil ver la materia desde el punto que pretende la universidad por esa apertura que tengo de los certámenes”.

La profesora Griselda Alarcón, una de las coordinadoras a nivel local y zonal de OMA y OMÑA, explica “cuando ellas hablan de ver la matemática de otro punto por las Olimpíadas, también tenemos que saber que da herramientas para manejar los tiempos, la tranquilidad. El chico que ganó la Olimpiada Internacional la semana pasada, maneja muy bien todas esas cosas más allá de que es un poco nervioso, ellos saben disfrutar de la matemática. Por ahí –sostiene- los docentes tenemos la culpa de que los chicos le tengan rechazo a la materia porque la hacemos demasiado estructurada, si bien exigen que sea así siempre hay un margen para no mostrárselas como un cuco”.

Las chicas de la Escuela San José destacan el incentivo que recibieron de la profesora Erica Aab, quien a pesar de que ya no les da clases, una vez por semana las sigue reuniendo a entrenar.  “En mi caso – cuenta Delfina- empecé desde la primaria. Aunque la materia no me gustaba de todas maneras me metí para ver cómo me iba y la verdad es que no me ha ido tan mal. Cuando comencé la secundaria Érica nos ayudó un montón y ahí es cuando empecé a pasar niveles. Jamás hubiera creído que estudiaría una carrera que tenga matemática y hoy voy a seguir ingeniería gracias a las Olimpíadas”- dice convencida.

“Arranqué Olimpíadas en 5º grado, una profesora me invitó a ir porque veía que sacaba buenas notas, y más que nada empecé para hacer sentir orgulloso a mi papá porque a él le encanta la matemática”- cuenta Dulce sobre sus comienzos. “La verdad es que no me gustaba –agrega con total certeza- lo hacía solo por él. Cuando en primer año de la secundaria nos encontramos con Érica ella hizo que me empezara a gustar la materia y hoy en día sé que voy a hacer profesorado de matemática”.

Florencia empezó a competir en la primaria con muy buenos resultados que la llevaron dos veces al nacional en Mar del Plata. “Llegué al I.C.C. ya teniendo entrenamiento en matemática, después dejé dos años y ahora retomé”.

No sería la excepción del grupo Evelyn, quien al igual que el resto se emparentó con las Olimpíadas ya en la primaria. “Abandoné un tiempo, nunca me preparaba, me basaba en lo que sabía y llegué una vez al provincial”- recuerda sobre su actuación. Opina que con el paso de los años los enunciados se han vuelto más rebuscados y obligan a un pensamiento más centrado. Hoy, mientras termina su secundario, quiere seguir medicina. “Voy a probar un año, si no me gusta me paso a ingeniería”- dice ante la dilema de elegir una carrera basada en sus materias favoritas que son biología, química, matemática y física.

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