Ante la llegada de las temperaturas sofocantes, la recomendación general es no realizar actividad física entre la franja horaria de 10 a 18, quedando como las opciones valoradas las primeras horas de la mañana y la noche. Algunos prefieren arrancar el día recargados. Otros, se inclinan hacia después de la jornada laborar para descargar las tensiones acumuladas. Al margen de la elección, el impacto para el cuerpo no será el mismo en cada etapa.

La rutina diaria del trabajo o las responsabilidades sociales hacen que las personas realicen actividades físicas en los momentos que tienen libres, pero existen posiciones con respecto a la hora del día más recomendable para hacer ejercicios.

Un estudio publicado por The Journal of Physiology señaló que hacer deportes por la mañana, antes de desayunar, hace que se quemen más grasas y calorías. La investigación se realizó en Bélgica y fue publicada por el New York Times.

El proyecto consistió en que 28 hombres jóvenes se alimentaran mal, con un 50% más de grasas de las que comían antes. Se dividieron en dos grupos: uno desayunaba antes de ejercitar y el otro hacía sus ejercicios y desayunaba al terminar, durante un período de seis semanas.

El grupo que desayunaba antes de hacer ejercicios engordó, experimentó un aumento en los niveles de azúcar y acumuló grasa en sus músculos; mientras que las personas del grupo que tomaba el desayuno después de hacer actividades físicas casi no engordaron, no tuvieron aumento en los niveles de azúcar y quemaron más grasa.

Hasta aquí parecería que la respuesta es clara, pero un estudio realizado por la Universidad de Brunel, Middlesex (Gran Bretaña), y publicado en la revista British Journal of Sports Medicine, señala que los deportistas de alto rendimiento que hacen ejercicios durante la mañana pueden llegar a comprometer su sistema inmune y contraer infecciones, aumentando el riesgo de bacterias y virus.

El estudio observó cómo 14 nadadores profesionales con un promedio de edad de 18 años que entrenaron durante la mañana tuvieron mayores niveles de cortisol en el cuerpo: esta hormona del estrés estimula la conversión de proteínas en carbohidratos y eleva la concentración de azúcar en la sangre. El ejercicio por la mañana hace que exista una menor producción de inmunoglobulina A, que es una sustancia que protege al organismo de infecciones respiratorias.

Todavía no terminan las opiniones. Desde la Universidad de Chicago se llevó adelante otro estudio en el que se observó a 40 hombres de entre 20 y 30 años, y se llegó a la conclusión de que dos hormonas importantes para el metabolismo tienen una reacción más efectiva cuando se realiza la actividad física por la tarde y la noche.

Analizando las variaciones según la hora en que se hacen ejercicios, se conoció que las personas que realizan deportes por la tarde y la noche tuvieron descensos más grandes en los niveles de glucosa en respuesta al ejercicio y un gran aumento en los niveles de dos hormonas: cortisol y tirotropina, esta última fundamental para la reparación muscular.

Más allá de los diferentes estudios e investigaciones sobre el horario más óptimo para realizar actividades físicas, Jorge Franchella, médico deportólogo y cardiólogo, remarcó que primeramente se debe tener en consideración el ritmo circadiano, que hace que el cuerpo tenga la menor temperatura a las 5 de la mañana (35 grados) y la mayor entre las 7 y las 9 de la noche (37 grados). “Habitualmente, a ese ritmo lo podemos acompañar con la actividad física en ciertos horarios. Por ejemplo, se sabe que hay un rendimiento del cuerpo diferente a lo largo del día, por eso los récords mundiales de atletismo se suelen dar entre las 7 y 10 de la noche”, explicó.

El profesor de educación física y personal trainer Francisco Ozores abonó la teoría. Indicó que los réditos dependerán en gran parte del biorritmo de cada individuo, de cómo cada uno se sienta más cómodo o más activo para entrenar. “Hay personas que son más predispuestas a efectuar cualquier tipo de actividad -no solo física sino también cognitiva- a la mañana, mientras que otros en cambio, a la noche”, comentó.

De acuerdo a Ozores, la mañana puede ser más propicia porque las hormonas anabólicas -como la testosterona- están más predispuestas debido a las horas de sueño y el nivel de insulina es más elevado luego de un buen desayuno. “Eso se suma a que venís de desayunar liviano, sin la carga de las comidas del día, que con el calor se sienten afectadas porque si no se come comida fresca o con cierto grado de proteínas, la comida se fermenta y eso genera un estrés orgánico que a la hora de entrenar se puede llegar a sentir”, amplió.

Además, subrayó que no se carga con el trajín diario: “Por más que uno a lo largo del día esté es una condición fresca, con aire acondicionado y resguardado del calor, el factor calor incide en la fatiga del cuerpo. El choque de calor cuando uno sale de la oficina, de estar aclimatado durante horas, te genera un estrés muy grande que seguro te va a influir en el entrenamiento”.

Por su parte, Magalí Almada, médica especialista en medicina del deporte, dijo que “sin lugar a dudas” es mejor la mañana. ¿Por qué? “Es simple: se liberan endorfinas y eso te hace sentir bien durante todo el día. Ademas, se acelera el metabolismo basal y esto permanece por un tiempo prolongado, facilitando el descenso de peso”, aseveró.

Luciano Buzzetti, entrenador personal, contó que también opta por las primeras horas de la jornada. Adujo que por la mañana no se lidia con el calor acumulado en el ambiente durante el día y, a nivel físico, el cuerpo está descansado, pudiendo rendir más. Independientemente del horario, como consejo señaló la suma importancia de la hidratación.

 

(Fuente: Discovery/Infobae)

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