Con el paso del tiempo, la piel se renueva cada vez más lento y se acumulan células muertas en su superficie. Por esto es recomendable que te realices un pulido de vez en cuando. ¿En qué consiste esta técnica? Se pela la dermis a medida que se la va limpiando, a partir de diferentes cremas, ácidos y concentraciones. El objetivo principal es afinar las arrugas y disminuir el acné, las manchas y las imperfecciones.

En el caso de los peelings profundos, se hacen con un dermatólogo mientras que en tu casa, podés exfoliarte una o dos veces por semana, con una crema acorde al tipo de piel que tengas.

Este método es válido para todo tipo de rostro ya que ayuda a mantenerlo renovado y fresco. No obstante, para cada tipo de piel hay un procedimiento recomendado. Por ejemplo, si tu piel es grasa, mejorala con peelings químicos más fuertes o con una microdermoabrasión; en cambio, si tu rostro es más sensible, podés optar por un peeling químico suave.

Pero ¡ojo!, tené en cuenta que no podés hacerte ningún pulido si tenés rosácea, tendencia a mancharte o acné inflamatorio, debido a que tu cutis puede empeorar o presentar alguna reacción adversa después del tratamiento. Lo mismo si tenés verrugas, herpes o moluscos contagiosos. Lo mejor es que consultes a tu médico de confianza.

También recordá que, una vez realizada la exfoliación, debés hidratar tu piel para reponer el manto protector hidrolipídico. Podés usar protector solar con un factor 50 como alguna máscara hidratante o descongestiva para eliminar el enrojecimiento y refrescar el rosto. Y sobre todo en esta época del año, con altas temperaturas, evitá los ácidos hasta la próxima estación.

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