Colapsar o no colapsar, esa es la cuestión

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¿Cuántos visitantes son necesarios para hacer colapsar los servicios?, ¿de qué depende que un fin de semana largo, en este caso feriado de carnaval, determine una afluencia de turistas que literalmente barre con el stock de panaderías, carnicerías, fiambrerías, acumule carpas como hormigueros que se levantan del piso de un camping no habilitado, genere colas en la única estación de gas en funcionamiento al punto de lentificar el tráfico por la circunvalación, la respuesta es casi un ensayo, porque ni propios ni ajenos todavía se animan a dar una explicación convincente del cómo, o el por qué.

Los datos cuantificables en números hablan de una circulación diaria por la conexión física que nos vincula a Rosario de más de 9.000 vehículos el viernes, cifra que fue variando con el correr de los días pero que se mantuvo en casi seis mil unidades; sin embargo esa boca de ingreso y salida no es la única vía de acceso a la ciudad, ya que cientos de porteños –por ejemplo– eligieron arribar por un paso más tranquilo a través del corredor de la Ruta Nº 11 que nos une a Gualeguay.

El parque termal fue testigo del ‘malón’ de visitantes que permanecían largas horas en una cola para acceder a sus instalaciones. El lunes por ejemplo había cuatro colas de más de 100 personas cada una, atiborradas de cosas y prestas a atravesar ese límite entre el afuera y este complejo al sur de las siete colinas.

Los bares abrieron el abanico de sillas y poblaron la calle, pero otras veces lo habían hecho a lo largo de anteriores fines de semana sin tanta respuesta. Incluso algunos cerraban los viernes después de las 00:00 porque el movimiento era mínimo. Ahora, en esta ocasión inmejorable, chicos y grandes hacían cola mirando fijamente a una mesa y de reojo al espectáculo musical que se brindaba para atraer más clientes, casi como ese perro que observa a su amo degustar la más tierna tira de asado, expectante del movimiento de su generosa mano.

Lo cierto es que más de uno se llevó la impresión de que Victoria tiene una temporada así durante todo el verano y esto no es cierto.

El mismo carnaval no llegó a mostrar el esplendor de años anteriores, y solamente el sábado entregó un marco de público como se espera de un evento en el que se habían colocado más de una ficha. Trabajaron las cantinas y los miles de tarros de nieve apilados por los niños y ‘no tanto’, dieron muestras de un momento de algarabía que se tradujo en dinero para muchos. El clima ayudó, porque pese a una leve lluvia del lunes, el resto de los días imperó un calor digno del más tropical de los destinos.

Además, otra curiosidad que llamó la atención fue que, contra todo pronóstico, la playa pública no fue uno de los lugares más convocantes, si bien se observó mucha afluencia allí, mantuvo un nivel de visitas normal, en cambio se notó que sitios más acotados pero mejor montados y con sombra como piletas, complejos y el propio camping de Rincón del Doll, desbordaron de entusiastas familias.

Lejos de ser una crítica, ésta fue una grata sorpresa para los propietarios de cabañas y demás hospedajes que venían sobrellevando una temporada de repunte pero que estaba lejos de otros veranos de bonanza.

¿Fue la promoción nacional?, ¿Qué hizo que Entre Ríos tuviera 100% de ocupación?, ese efecto cascada de ‘¡vamos todos para allá!’ desbordó las plazas locales obligando a la oficina de Turismo municipal a derivar contingentes a Nogoyá, y colapsado éste, derivó a Diamante.

El gigante dormido que representa Rosario y el gran Buenos Aires por su diametral diferencia de vida con esta provincia, fueron algunas de las razones que escuchamos al momento de la elección: descanso cercano, tranquilidad, seguridad, trato cordial, buen clima, playas, termas, casino, precios acordes… de pronto volvimos a estar en el ojo de la tormenta, aunque como dijo Humberto Eco, ésta afirmación es errónea porque es allí precisamente donde anida el único punto donde nada se altera.

Quizás esta paradoja nos ayude a cerrar este ensayo, porque a días de comenzar el período de clases, pocos piensan en que Victoria vuelva a tener otro fin de semana así, “no vendía tanto pan desde la apertura del puente”, dijo uno de los panaderos más antiguos.
Los supermercados ‘chinos’ tenían bebidas calientes y esta vez no era una decisión de los dueños, sino que no daban tregua esos inquietos demandantes de ‘algo frío’. Fue allí donde las despensas revivieron, vendían hasta hielo en los barrios, y esas gaseosas y cervezas que rara vez se agotan de los cajones, eran repuestas con la velocidad de un empleado del mes en la cadena de supermercado más exigente.

A Dios gracias, todos trabajaron, y muchos más disfrutaron de un rico pescado, un sabroso asado, la vuelta al perro y la banda municipal, los bizcochitos calientes, el mate del tío que hace tanto tiempo no visitábamos pero ¡vive en Entre Ríos!, y allí estuvieron… Qué sería de nosotros si esto se planificara, ojalá algún día ocurra, no para tener miles de personas, sino cientos durante todo el año.
Por Nicolás Rochi. De la redacción de Paralelo 32

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