El 10 de noviembre, se hace un reconocimiento a la identidad argentina a través de uno de los personajes más representativos del ser nacional, José Hernández, quien puso todo su empeño en defender a sus paisanos de las injusticias que se cometieron contra ellos.

La elección del día

La idea de propender a la institucionalización de un día que conmemore las tradiciones gauchas, correspondió al poeta Francisco Timpone, que la propuso en la noche del 13 de diciembre de 1937, en una reunión de la Agrupación llamada Bases, institución que homenajeaba a Juan Bautista Alberdi y que tenía su sede en La Plata, provincia de Buenos Aires.

El 6 de junio de 1938 la agrupación presentó ante el Senado de la Provincia de Buenos Aires una nota pidiendo que se declare el 10 de noviembre como «Día de la Tradición», por el natalicio en dicha fecha de José Hernández. En la nota se propuso la peregrinación cívica al Museo Gaucho Ricardo Güiraldes, de San Antonio de Areco, en homenaje y como consagración efectiva de ese día.

La aprobación ante la Cámara de Senadores y Diputados fue unánime, declarada bajo la ley Nº 4756 / 39, promulgada el 18 de agosto de 1939, y se publicó en el Boletín Oficial (entrando en vigencia), el 9 de septiembre del mismo año. La referida ley se originó en el Senado y fueron sus autores D. Edgardo J. Míguenz y D. Atilio Roncoroni.

En su primera celebración los intendentes municipales de La Plata y San Antonio de Areco, realizaron el primer festejo de las tradiciones. A partir de 1940, La Plata contendrá en su seno la fiesta. La Agrupación publicaba cada año un libro, resumen de todo lo acontecido.

La Ley 10220/84 modificó a la Ley 4756/39 el Art. 3° original, que pasó a decir: Declárase sede provincial permanente de la tradición a la localidad de San Antonio de Areco.

Por otro lado, por Ley Nacional N° 21154 de 1975, el Congreso Nacional extendió a todo el territorio argentino, la vigencia del 10 de noviembre como «Día de la Tradición» (cumpliéndose lo que fue una aspiración inconclusa de la agrupación Bases) y declaró Ciudad de la Tradición a la Ciudad de San Martín, por ser ésta el pago natal de José Hernández.

Sobre José Hernández

José Hernández era hijo de Rafael Hernández y de Isabel Pueyrredón. Nació el 10 de noviembre de 1834 en la chacra de su tío, Juan Martín de Pueyrredón, en el antiguo caserío de Pedriel, hoy convertida en el museo José Hernández en el partido bonaerense de San Martín.

Este argentino nativo expresó diferentes talentos a lo largo de su vida: fue poeta, periodista, orador, comerciante, contador, taquígrafo, estanciero, soldado y político.

Comenzó a leer y escribir a los cuatro años y luego asistió al colegio de don Pedro Sánchez. En 1843, cuando su madre falleció, su padre, que era capataz en las estancias de Rosas, lo llevó a vivir al campo por recomendación médica, ya que estaba enfermo.

En el medio campestre, José Hernández tomó contacto con gauchos e indios. Debido a su proximidad con ellos, tuvo la oportunidad de conocer sus costumbres, su mentalidad, su lenguaje y su cultura. Aprendió a quererlos, a admirarlos, a comprenderlos, y también, a entender sus dificultades en la vida cotidiana.

En marzo de 1857, poco después de fallecer su padre, fulminado por un rayo, se instaló en la ciudad de Paraná, por entonces capital de la Confederación Argentina.

Aquí, el 8 de junio de 1859, contrajo matrimonio con Carolina González del Solar. Tuvieron siete hijos.

Inició su labor periodística en el diario “El Nacional Argentino”, con una serie de artículos en los que condenaba el asesinato del general Vicente Peñaloza, el “Chacho”.

En 1863 estos artículos fueron publicados como libro bajo el título “Rasgos biográficos del general Peñaloza”.

En el orden legislativo se desempeñó como diputado, y luego, como senador de la provincia de Buenos Aires. Tomó parte activa con Dardo Rocha en la fundación de La Plata y, siendo presidente de la Cámara de Diputados, defendió el proyecto de federalización por el que Buenos Aires pasó a ser la capital del país.

En 1869 fundó el diario “El Río de la Plata”, en cuyas columnas defendió a los gauchos y denunció los abusos cometidos por las autoridades de la campaña. También fundó el diario “El Eco” de Corrientes, cuyas instalaciones fueron destruidas por adversarios políticos.

Colaboró además en los periódicos “La Reforma Pacífica”, órgano del Partido Reformista, “El Argentino”, de Paraná y “La Patria”, de Montevideo.

En el orden militar actuó en San Gregorio, en El Tala e intervino en las batallas de Pavón y de Cepeda junto a Urquiza. Luchó además en el ejército de López Jordán en Entre Ríos.

Debido a los continuos enfrentamientos civiles durante los años ’50 y ’60, se vio obligado a viajar y trasladó su residencia a menudo. Vivió en el Brasil, en las provincias de Entre Ríos y Santa Fe y en Montevideo (Uruguay).

En 1870, al fracasar una revolución, tuvo que volver al Brasil. Dos años después, gracias a una amnistía que paró la violencia, pudo volver al país.

El 28 de noviembre de 1872, el diario “La República” anunció la salida de “El Gaucho Martín Fierro” y, en diciembre, lo editó la imprenta La Pampa.

Este poema de género gauchesco se convirtió en la pieza literaria del más genuino folclore argentino y fue traducido a numerosos idiomas.

El libro se considerada la culminación de la llamada “literatura gauchesca” y es una de las grandes obras de la literatura argentina. En él, Hernández rinde homenaje al gaucho, quien aparece en su ser, en su drama cotidiano, en su desamparo, en sus vicisitudes y con sus bravuras.

Su inesperado éxito entre los habitantes de la campaña lo llevó en 1879 a continuarlo con “La vuelta de Martín Fierro”, edición ilustrada por Carlos Clérice.

En 1881, publicó su obra “Instrucción del Estanciero”. El 21 de octubre de 1886 murió en su quinta de Belgrano. Sus últimas palabras fueron: “Buenos Aires… Buenos Aires…”.

El Martín Fierro narra la incorporación forzada del protagonista al ejército, la huida y su amistad con Cruz. Todo el poema está impregnado de denuncia social y encierra grandes verdades 16políticas como la falta de educación, la mala organización judicial y militar, la deficiencia de la policía rural y, sobre todo, un profundo antagonismo de la clase popular de campaña contra las clases urbanas.

El Martín Fierro contiene la denuncia clara de un genocidio, el provocado por el juez de paz y el comisario, figuras que surgieron de normas ideadas por Sarmiento y Mitre, cuya finalidad era acorralar al gaucho y convertirlo en un matrero sobre el que se pudiera hacer un “trabajo policial” narrado al detalle. El lenguaje del libro es un claro exponente del habla rural.

El libro contiene y valora en los nombres de Fierro y Cruz los símbolos que sirvieron para la conquista de América: la cruz y la espada, la religión y la fuerza militar. Marca tres valoraciones diferentes del hombre hacia la mujer: la comprensiva y generosa de Fierro, la más oportunista de Cruz y la fuertemente misógina del viejo Vizcacha, en cuyos consejos se reconoce la dura escuela de vida del hombre de campo de entonces.

Contiene un punto de vista criollo español frente a dos tipos enteramente diferentes de población que por entonces enfrentaba el núcleo original hispano: los indios, a los que pinta poco antes del exterminio en sus peores defectos sin reconocerles casi virtudes, y los inmigrantes, que desprecia.

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