Victoria.- El sábado 24 de septiembre en la Agrupación Cultural, la guitarrista Carolina Velázquez brindó un concierto denominado Milongas. La intérprete ejecutó obras de tres compositores: Abel Fleury, Carlos Moscardini y Abel Carlevaro. En su presentación estuvo acompañada por el guitarrista Daniel Gómez, quien actualmente vive en nuestra ciudad.

Qué es la milonga

En la gacetilla de prensa que invitaba a la gente a disfrutar de este espectáculo se define que la milonga es un ritmo que atraviesa gran parte de nuestra geografía sureña latinoamericana. Asimismo, suele tomar forma de canción, pero la mayoría de las veces es una especie instrumental muy desarrollada por algunos compositores guitarristas. Además, en nuestro país se han destacado en este ritmo Abel Fleury, Atahualpa Yupanqui, y en los últimos años Carlos Moscardini. Por otro lado, en Uruguay el reconocido maestro Abel Carlevaro fue un importante compositor.

Carolina, en diálogo con Paralelo 32, sostiene que la música es como un espacio que el intérprete “va habitando” de a poco.

—A veces la innovación en el arte molesta, ¿qué opinás de la evolución de la milonga?

—Como intérprete me gusta el lenguaje cuando se va renovando. En ese sentido, Carlevaro es un gran descubrimiento. Yo lo he conocido siempre, porque se estudia desde el comienzo la técnica de él, pero con estas últimas obras he llegado a comprender la función que tuvo como renovador del lenguaje. Siempre yendo a la raíz folclórica y todo lo que tiene que ver con los elementos del Río de la Plata: el candombe, la milonga, el tango. El renovó la manera de construir su lenguaje. Por supuesto que alguien muy tradicionalista puede llegar a sentir que esa música es como demasiado pensada o intelectual, se separa mucho de la milonga tradicional que se hacía en el campo, con los rudimentos propios de un ambiente rural. Creo que la música debe evolucionar y que esas renovaciones son importantes.

La música grabada y en vivo

Durante el año 2005 Carolina grabó un disco solista llamado Imágenes Naturales, con obras de compositores argentinos originales para guitarra. También, participó en ediciones discográficas y conciertos junto a los dúos Tritten-Bonfiglio y Arelovich-Brizuela. Entre los años 2007 y 2010 dirigió el proyecto Laboratorio para guitarristas y organizó numerosos cursos de interpretación y disciplinas corporales integradas al trabajo musical. En este marco, produjo un CD junto a sus alumnos en homenaje al compositor cubano Leo Brouwer. Sumado a esto, a fines del 2017 editó su segundo CD titulado Milongas con composiciones de Carlos Moscardini, Abel Fleury y Abel Carlevaro, y que interpretará hoy en la Agrupación Cultural.

—¿Qué nos podés decir de esta dicotomía entre música garbada y música en vivo?

—La personalidad del artista hace que le gusten más las grabaciones o la música en vivo. También está la posibilidad de las grabaciones en vivo, que se tome un recital y que eso salga editado en un disco. Para mí, si eso está bien grabado y tiene buena calidad, sería lo ideal, porque tendría la espontaneidad que se da en la música en vivo, con una buena calidad técnica. En los conciertos hay cosas que suceden en ese momento y son producto de una inspiración que no siempre está en un estudio de grabación.

El intérprete

La tarea del intérprete no es meramente reproductiva. El artista no es una computadora que procesa la información que solamente está en la partitura. De hecho, existen programas que realizan esta labor y el resultado es francamente espantoso, poco musical. Lo anterior se debe, quizá, a que la información que aporta la partitura no lo es todo y la subjetividad es tan ineludible como necesaria. Y es que la música, justamente, está hecha por sujetos, no por objetos. Tampoco el resultado es un objeto, pero ¿qué es, entonces? Quizá el lenguaje de las palabras no sea el adecuado para definir esto. Aun así, podemos formarnos una idea.

—¿De qué herramientas interpretativas te valés a la hora de analizar una obra?

—Soy bastante meticulosa en la lectura de la obra, trato de compenetrarme de lo que veo escrito. Trato de verlo de diferentes aspectos, estudiar los planos sonoros, tocar las voces por separado. Siempre voy descubriendo alguna dimensión nueva en abordar la partitura como si fuese una casa por la cual uno puede entrar por una ventana o por una puerta o por diferentes lugares. Mi búsqueda es reinterpretar lo que veo en cada partitura en base a elementos de análisis. Hay análisis armónicos, formales y también análisis emocionales. La obra sugiere climas y emociones que hay que descubrirlas. A la música la vas habitando de a poco, como si fuera un espacio que no lo conocés totalmente y lo vas habitando.

Finalmente, le preguntamos qué recomendaciones les daría a aquellos estudiantes que quieren dedicarse a la música. “Para la música a veces hay que tener paciencia, no querer los resultados ya. Hay que saber que se está sembrando, poquito a poco, y que luego de todo un recorrido voy a poder encontrarme con algo que va a tener que ver con lo que estoy buscando”, reflexiona.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here