Todas las personas procrastinamos en alguna ocasión eventual, pero el tipo de conducta del que estamos hablando ahora va mucho más allá de lo circunstancial. Hablamos de la procrastinación como concepto constante, es decir, una forma de vida.
Si bien existen variados tipos de procrastinadores y es posible observar en ellos diferentes conductas, hay algunas características que son comunes a la mayoría de las personas que procrastinan:

Pretenden alcanzar siempre la perfección. Para ellos solo existe una forma de hacer las cosas: perfectas.

No tienen incorporada la representación del hombre como ser falible. Por esa razón creen que, para ser considerado acertadamente, deben hacer todo bien o no alcanzarían esa condición. Por temor a ser “descubiertos en un error” dejan de hacer, para evitar de esta forma el supuesto juicio negativo de los otros.

Como se basan en modelos ideales e inexistentes o utópicos, la forma en la que creen que podrían alcanzar sus objetivos es poco o nada viable.

En tal sentido, el modelo de perfección es una aspiración no solo para lograr el objetivo que se propone, sino también en cuanto a la forma de llevarlo a cabo. En nuestro trabajo de campo encontramos el caso de una persona que es un ejemplo casi emblemático de lo que describimos. Esa persona aspiraba a alcanzar un acuerdo mundial en relación con el cuidado del medio ambiente, pero pre- tendía lograrlo sin aceptar la cooperación de otras personas o sumarse a las organizaciones que trabajan en el tema. Pensaba que con su solo esfuerzo podría lograrlo. El resultado fue abandonar el proyecto al poco tiempo.

Creen que deberían alcanzar sus objetivos con facilidad sin tener inconveniente alguno.

Cuando un procrastinador decide ponerse en marcha respecto a alcanzar algún objetivo, supone que a su determinación no debería presentársele ningún obstáculo. Quizás, el haber tomado la decisión de accionar haya sido para él el mayor obstáculo a superar. Es por esa razón que supone que ya no debería tener que enfrentar inconveniente alguno.

Los procrastinadores son personas que se refugian con mucha frecuencia en un mundo ilusorio, utópico. Suponen que pueden alcanzar grandes emprendimientos, que no se les presentará dificultad alguna, y por sobre todo, que a las otras personas no se les presenta ningún inconveniente ni deben realizar esfuerzo alguno.Muchos de ellos recurren al sentido del humor para “desarmar” el enojo de las personas de su entorno que se han sentido damnificadas por sus reiteradas faltas de puntualidad. Otros procrastinadores, los menos cordiales, no recurren al sentido del humor, sino que son prisioneros de una gran irritabilidad. Ante la crítica reaccionan alterándose, contestando mal o impacientándose frente a cualquier comentario alusivo a una falla o error. Por su baja autoestima, carecen de la seguridad necesaria para asumir obligaciones y afrontar tareas o situaciones que requieran de anuencia en los resultados. Suelen invocar inconvenientes que dificulten su participación y delegan los compromisos en otras personas. Realmente, muchas veces son víctimas. ¿De qué? De las burlas, los cuestionamientos, los abandonos y… de ellos mismos.

Si, por- que al no comprender por qué hacen, o mejor dicho por qué no hacen, las cosas con el mismo criterio, la misma velocidad o el mismo interés que las demás personas, suelen considerarse des- iguales en un sentido peyorativo. En algunos casos han adoptado una conducta de victimización para recibir mayor deferencia de parte de las otras personas.

Creemos que esta conducta no es la más adecuada, ya que al procurar un beneficio secundario, tiende a perpetuar la procrastinación. Algunos ya han persuadido a su entorno de que son incapaces de cumplir con sus obligaciones. A muchos de ellos les han ganado por cansancio. En el caso de que el procrastinador perciba el agotamiento de la paciencia de familiares y amigos, posiblemente se contacte con nuevos círculos de amistades que, al no conocerlo, toleren sus incumplimientos.

 

(Por Gloria Husmann y Graciela Chiale, autoras de “Procastinación. El acto de postergarse en la vida”, Editorial del Nuevo Extremo)

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