Cada 1º de agosto, en cualquier ciudad o pueblo, mucha gente se reúne en las casas o en cualquier esquina cumpliendo un rito compartido: los tres sorbos -o los siete tragos, según quien lo diga- de caña con ruda en ayunas.

Rodeada de innumerables frases sentenciosas (“Julio los prepara y agosto se los lleva”, “Caña con ruda, contra el mal ayuda”, “Más vale emborracharse que morirse”), la costumbre se ha vuelto inquebrantable y, verdadero o falso, en algunos lugares el rito no se discute.

Dueña de las cosechas y del ganado, rectora de las estaciones y proveedora de vida, el hombre no puede menos que reverenciarla una vez al año, tal como a ella le gusta, porque los enojos de la Pachamama son de temer: terremoto, sequía, inundación, helada, incendio, granizo, huracán, hambre, enfermedad y muerte.

La veneración a la diosa Tierra es quizás la más antigua de la región andina sudamericana, hasta el punto que algunos autores la consideran anterior al culto a Inti, dios Sol de los incas.

El 1º de agosto se toma una copita de caña con ruda, brebaje que se prepara con anticipación para que macere: se compra una botella de caña, se echan dentro algunas hojas de ruda, se la cierra y se la guarda. Llegado el momento, se la sirve a los seres queridos para que tengan un buen año.

En el noroeste del país también se estila colocar amuletos: en el tobillo, la muñeca o el cuello, se ata un hilo blanco y negro de lana de llama o de oveja, hilado hacia la izquierda, y se lo conserva puesto hasta que se rompa.

En Salta y Jujuy, la celebración tiene tanta importancia como las fiestas conmemorativas de la Virgen María, a la que también se le ofrecen “apachetas”: la única diferencia es que a la procesión de la Virgen la preside un cura y a la de la Pachamama, un chamán.

Sin duda, la Gran Madre Tierra se resiste con éxito a repetir el destino de Inti, tragado por el Dios bíblico. Pero quién sabe: a lo mejor, María prefiere las “apachetas” a las velas.

La preparación de la caña con ruda está rodeada de secretos que sólo conocen los iniciados: cómo se recoge la ruda, cuáles y cuántas oraciones se rezan al preparar la poción, qué tiempo de maceración debe tener para resultar efectiva, qué cantidad de sorbos debe beber quien la prepara. Y entre todos sus misterios, se le atribuyen virtudes de lo más heterogéneas: efectivo contra el mal de ojo, los parásitos, la gripe y la mala onda.

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