Tras el pelotazo salvador de Camilo Mayada, que puso el miércoles a la noche el 2 a 2 de River ante Flamengo de Brasil, en el debut de ambos equipos en el Grupo 4 de la Copa Libertadores, describe el diario Clarin que el uruguayo entró al vestuario con lágrimas en los ojos. La emoción dominaba su cuerpo. “Todo llega, todo llega”, le escucharon decir al “todoterreno” uruguayo. Y enseguida sus compañeros y Marcelo Gallardo lo abrazaron y lo felicitaron. Fue entonces que Camilo Mayada sintió que “hay una Justicia divina”. Que tardó en llegar, pero que finalmente se hizo carne en Río de Janeiro. Sólo él sabe todo lo que sufrió durante los siete meses (en realidad ocho sin jugar oficialmente) por la dura sanción de la Conmebol tras haber dado positivo un control antidóping en la Copa Libertadores del año pasado. Le encontraron hidroclorotiazida, un diurético incluido en el listado de sustancias prohibidas de la Asociación Mundial Antidopaje (AMA) en el partido contra Melgar, de Perú, que se jugó el 18 de mayo en Arequipa, correspondiente a la fase de grupos.

Mayada dijo haber vivido su propio “vía crucis”. Pero, como él mismo dijo: todo llega. También, todo cambia. Y así como un partido de Copa puede traer amargura y complicaciones para la carrera de un futbolista, la misma Libertadores le dio revancha. Y Camilo la tuvo en Río de Janeiro. “Después del gol sentí un gran desahogo. Lo necesitaba para sumar confianza después de todo lo que pasé. Y para sentir que estoy para aportarle cosas positivas al equipo”, expresó el uruguayo en una charla con Clarín, luego de la producción de fotos en el Gran Hotel Hyatt, de Barra de Tijuca, antes de emprender el regreso a Buenos Aires.

Mayada contó, entonces, que en los meses que duró el calvario se apoyó en su entorno más cercano. En todo el grupo de River, en sus amigos, en su familia y, principalmente, en una persona especial para él. Su novia Katia, que vive en Crespo, una localidad de Entre Ríos. Se refiere obviamente a Katia Pfarher Axt.

“O él iba para allá o ella lo hacía para Buenos Aires. Pero, al margen de la distancia, trataban de estar el máximo tiempo posible juntos. Y, cuando podía, se iba a Sauce (Uruguay), donde se encuentra su familia. Ahí también cargaba las energías necesarias para no caerse anímicamente”, dice Clarin y añade una frase del uruguayo: “Me la banqué refugiándome en mi entorno y en el grupo de River”.

La familia confirmó a Paralelo 32 que durante ese periodo en que no pudo jugar por una decisión sobreactuada de la Conmebol, estuvo muy seguido en Crespo, retornando ahora a sus obligaciones.

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