Crespo.- La plaza San Lorenzo es uno de los espacios verdes barriales más pintorescos de Crespo, con su anfiteatro, arbolado, juegos para niños y asientos, que hacen acogedora la jornada entre mate y mate, pasando el rato en las tardes con la familia, los niños y los amigos. También para los jóvenes que se acercan a guitarrear y charlar.

La otra plaza

Pero luego del atardecer, llegan otras personas, adolescentes y jóvenes, con su cultura transgresora y sus hábitos de consumo que producen preocupación entre los vecinos. Circulan drogas ilegales, como los porros de marihuana y saquitos de cocaína, junto a la cerveza y otras bebidas. La mezcla de noche y oscuridad, drogas y movimientos raros, barras y capuchas, lleva al temor por la inseguridad.

De toda actividad quedan rastros y de la nocturnidad en Plaza San Lorenzo quedan a veces puchitos de porros, alguna que otra bolsita con restos de polvo blanco que parece cocaína y también preservativos. Incluso, se ha visto a chicos de diez u once años recoger puchos tirados en el piso durante el día, antes que los placeros alcancen a barrer y limpiar. “Hasta ahora no ha pasado nada, pero uno teme lo que pueda llegar a pasar en el futuro”, dijo a Paralelo 32 un vecino consultado.

“Un día vi una chica con un termo, no cebaba ningún mate, llegó un grupo, se ve que repartió algo que podría tener en el termo, después todo el grupo desapareció”, dijo alguien. Se ha visto gente en auto entregando paquetes o bultos, que podrían ser drogas. “Lo hemos visto. Parar autos en la calle, viene alguien que manotea algo, se va el auto y se va él. Pero no se ven desmanes u otras cosas, son tranquilos”, comentó un entrevistado. “A uno le da pena, porque son muy chicos, algunos no tienen ni 12 años”, concluyó un vecino preocupado.

“Daño no hacen”

De la carga de miedo que cada uno tiene ante ese mundo marginal de juventud y drogas depende qué ve cuando los ve juntarse y divertirse a su manera.

“Daño no hacen, lo que se siente es el olor a marihuana terrible; hay varios chicos, la mayoría anda en moto o bicicleta, empiezan a rondar temprano por la tarde. Cuando aparece un móvil policial desaparecen de un saque como si los soplara el viento”, comentó un vecino a nuestro cronista.

Pero otras opiniones que circulan por el mundo virtual ven otras cosas. “Te miran, te desafian”, dice alguien y lo denuncia en la red. “Desmanes todavía no se han producido”, se esperanza alguien ante el micrófono del periodista.

Poda

Ante la solicitud de algunos vecinos, la Municipalidad ordenó la poda de arbustos y árboles bajos, donde se dice que se esconden bolsas con drogas. O se tiran, incluso, preservativos, que nos remiten a otras acciones, igualmente reprobables para la moral del vecindario.

Hubo quejas de alguna vecina, expuesta en redes sociales. Escribió que “se destruyeron arbustos” con una “poda brutal”. Para la Municipalidad era necesaria “para evitar que se escondieran malandras y malvivientes”, consideró la mujer enojada.

“Nosotros estamos de acuerdo con la poda, pero no estéticamente. Cuando vinieron de la Municipalidad a informar que iban a cortarlos, les dije ‘espero que no hagan desastres con los árboles, lo que sí, levántenlos y que abajo no haya follaje, que se saque el arbusto’, porque se sientan de noche a la sombra para que no los delate la luz”, comentó alguien al grabador de Paralelo 32.

Mal de muchos

El comentario en la red virtual de un paranaense dio el consuelo pobre para el mal de muchos: “Esto es muy común vivas o no frente a un lugar público, la mafia de la droga es tan grande que no la para nadie!!! Eso que pasa en Crespo, es algo que acá se ve todo el tiempo y en todos los barrios”.

Ante una realidad que los supera, y con la preocupación sobre “cuándo va a empeorar esto”, muchos vecinos temen denunciar o actuar, para no recibir represalias. “Nos enseñan a mirar para otro lado…”, comenta alguien en las redes. “No ponga mi nombre por favor”, solicita otro vecino al cronista que recoge opiniones.

¿De quién es la culpa? Hay quienes culpan a los padres que no se hacen cargo; la falta de educación y respeto en la casa; la familia ausente; la Policía que no aparece; la ley que supuestamente le pone un sumario al uniformado que actúa; las autoridades que no actúan; la falta de religión.

Quizás la cuestión no pasa por buscar los culpables, solamente. Lo fundamental es ver qué hacer de aquí en adelante. El cartel imaginario que pende de los accesos a la plaza, y a todas las que se encuentran en similar trance, pide ‘se solicitan opiniones que aporten y acciones que resuelvan’.

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