** El calor acentúa nuestro humor escaso, al que ni falta le hace esa ayuda extra del clima, y en cada acción de alivio calculamos cuánto más nos costará este mayor consumo de electricidad a tarifa nueva.

Mientras el mundo gira y gira al compás del tamboril, cada máscara atiende su juego, unos veranean, otros (otras) gimen y se agitan trajinando veredas en busca del mejor precio para los útiles escolares que se piden antes de los aumentos salariales.

** Otros se corren alegremente con espumas por los circuitos del carnaval que ha multiplicado su oferta en la provincia, mientras otros –más estos mismos- rebotan contra las puertas cerradas de los bancos, golpean con el puño sobre cajeros vacíos, a la hora que los banqueros amontonan fortunas obscenas desde cuya cúspide niegan unos puntos más de salario a los bancarios. Un corte transversal de esta masa humana nos muestra a Juan Tragasapos, para hacerse cargo de todos esos pecados pagando en la cruz de su sacrificio las consecuencias de los paros. Y todos los Tragasapos un día, ¡oh juremos!, declararemos el gran paro argentino salud, en nombre de las víctimas de los paros.

** Se paraliza la agroindustria porque se plantaron los camioneros graneleros reclamando lo suyo y terminan cometiendo vandalismo cuando atacan a sus colegas que quieren o necesitan trabajar, o que están conformes con lo que ganan… Siguen las murgas del corso recuperado y sigue inalterable la modalidad de reclamar molestando a otros, impidiendo la circulación, parando procesos industriales, dañando si es necesario…. al compás del tamboril.

Elegía al agua salvadora          

** Menos mal que el carnaval murguero divierte en Entre Ríos a millares de personas que desbordan todos los corsódromos en busca de distracción y olvido. Es parte de nuestras contradicciones, como lo es el record de argentinos que vacacionaron este año y los que aún lo harán, enhorabuena, mientras una terrible sequía combinada con altas temperaturas presagia otra cosecha perdida y ¿qué es el cereal sino el producto que exportan nuestros pueblos para traer algo de recursos genuinos desde afuera?…

** Mientras tanto subyace agazapado un peligro al que muchos temen; que un día se larguen a la calle los fumadores, quemando cauchos contra el abuso en el precio de los puchos. Ese día desbordarán las calles y avenidas donde, además de la incondicional la cartelería de los troskos, se verán las pancartas de estos dignos autoconvocados reclamando su derecho a elegir cómo morir.

Para agobiar aún más con obligaciones están, por estos días, los que nos cuidan la salud: ¿tomas suficiente agua? ¿cuántos litros diarios?

** ¿A cuánto el botellón de agua? Es una pregunta corriente que no muchos años atrás era inimaginable. Entre el sagrado mandato galeno que nos da un piso de dos a tres litros diarios, los tiempos trajeron consigo nuestra desconfianza con el agua de red. Entonces la buscamos en el súper. Es un nuevo costo de la modernidad contaminada.

Leoncio al compás del tamboril                       

** Como arrastrado por una raquítica brisa del oeste a la que ni viento se le puede llamar, apareció don Leoncio con los primeros calorones de la mañana, esos que en otras estaciones adoptan en mote amable de “fresca matinal”. Pidió un vaso de agua, como nunca, y a falta de asuntos más relevantes –o quizás para esquivarle la queja por la jubilación corta-, hablamos sobre la sacra necesidad de consumir agua, que al fin de cuentas, agua somos.

** –L. ¿Desde cuándo el ser humano necesita tomar tanta agua?

_M. Supongo que desde que la humanidad existe, pero los que tenían que avivarnos se avivaron recién hace pocos años y nos ponen mínimos.

–L. ¿Y no hay rebaja?

_M. No hay rebaja, dos o tres litros mínimo hay que filtrar.

–L. Nos va a quedar el estómago como mondongo de frigorífico.

** –L. Pa’ mi ver son modas. Antes tomábamos un vaso de agua solo cuando teníamos sed. De ganas y no de obligación. O nos bajábamos un termo de mate, también estaba el que para apagar la sed tomaba cerveza, que es lo mismo pero con gusto.

_M. Bat information. No es lo mismo, ni parecido. Tampoco el mate reemplaza al agua pura en la hidratación. La yerba es diurética, es más lo que le saca que lo que le da, y la cerveza es un producto fermentado, que chupa agua en vez de aportarla. Además, déjeme decirle que la sed es el síntoma de la deshidratación, cuando la sed reclama ya es medio tarde.

Cálculos de evacuación             

** –L. Usted dirá, pero ahí tiene… nosotros tomábamos unas tazadas de agua durante el día, dos mateadas, y estábamos bien.

_M. Vasitos, querrá decir.

–L. Eso es según donde se halle y en qué tiempo. Donde se tomaba agua de pozo, se llenaba un balde enlozado que quedaba en la cocina acompañado por un jarrito de chapa enlozada. La canilla fue llegando después al campo. Eso si, cuando se salía a trabajar en la melga o en el corral, estaba la botella de litro…

_M …¿Agua mineral quizás?…

–L. Y si, que yo sepa el agua de pozo también es un mineral, la botella podía ser la del vino Tomba, Pángaro, Viejo Viñedo…, pero usada ¿se entiende? Y con eso estábamos bien ¿se da cuenta?

** –M. Insiste con eso de estar bien, pero podría haber estado mucho mejor. Quizás usted se cansaba y culpaba al trabajo del día y en realidad era por estar deshidratado. El tejido corporal estaba seco.

_L. Lo de secos téngalo por seguro, no era fácil conseguir una moneda. El tejido va y viene…

–M. Déjelo ahí, para no confundirlo más, pero después de todo, si el agua siempre fue gratis, ¿por qué no tomaba lo suficiente?

_L. Yo lo quiero ver a usted haciendo la loza de hormigón de un cuarto piso después de haberse hinchado de agua….

** –M. Espere, espere, ¿usted no fue chacarero?

_L. Cuando venía la seca, como está pasando ahora mismo, se echaba todo a perder en la chacra y había que salir a rebuscarse en la construcción, y no se olvide que agua que entra al cuerpo tiene que salir. El hormigón se subía con baldes y roldanas, con una cadena de hombres braceando. Éramos eslabones de una cadena durante dos o tres horas… y ponernos pañales no iba con nuestra hombría ¿vio?

Lucifer al compás del tamboril             

** –M. ¡Ahora entiendo, usted lo decía por eso!

_L. Mesmo. Usted está en el pueblo y es fácil, puede tomar los litros que quiera, siempre tiene un baño cerca.

–M. ¡Jah! Lo quiero ver dos horas en la cola de un banco.

_L. Laaa pucha, y la moda de hoy no da pa’ pañales. Habrá que volver a usar bombachas anchas.

** –M. Fue un gusto encontrarlo por acá don Leoncio. Me sorprendió verlo, por el calorón que ya tenemos a esta hora y usted siempre se cuida.

_L. Son deberes de tío político. Tengo que buscarla en la terminal a la Lucifer, la sobrinita de La Viole, que viene para los carnavales.

–M ¡¿Lucifer?! ¡Lucifer! ¿Muy diablita la nena?

_L. ¡Qué tendrá que ver! Se llama Lucía Fernanda.

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