La música es vasta, inmensa. En Paralelo 32 ya se ha abordado el tema y se ha llegado a algunas conclusiones tales como que, en la actualidad, los músicos exploran los caminos de la complejidad tímbrica. De lo anterior se sigue que la etapa de la búsqueda armónica se ha dejado a un costado quizá porque ya se ha llegado a diferenciar sus horizontes casi en la totalidad, para no hablar de absolutos.

Sin embargo, aquí nos referiremos a un instrumento mucho más antiguo que el piano-forte: el órgano. Este instrumento tubular, místico, de sonido ideal para las elevaciones eclesiásticas del alma, no es habitual, hoy en día, en la música popular ni en los anhelos de los instrumentistas en general. No obstante, en la ciudad contamos con un organista que ha viajado por el mundo con su música y que pronto planea brindar recitales en la ciudad.

Se trata de Adrián Terraza, un joven de 29 años que estudió en la Universidad Nacional de Rosario y que se interesó, primero, por el piano. Adrián nos comenta que se interesó por el órgano en primer lugar luego de visitar la Abadía del Niño Dios y escuchar el instrumento. “El estudio del órgano conlleva muchísimo estudio y coordinación. En mis inicios pedía permiso en las iglesias o cambiaba tocar en una misa por que me dejarán estudiar un rato”, narra.

Conforme a lo anterior, Adrián cuenta que por más que existen órganos electrónicos “no es lo mismo”. Tal es así que los exámenes de la universidad se dan en la iglesia por más que en la UNR se cuente con instrumentos eléctricos. “Algunos cambiamos algún servicio para poder estudiar en las iglesias”, repite.

El órgano

“Yo me inicié con el piano, a simple vista uno piensa que es igual al órgano, pero no es así. Al principio pensé que se trataba de un piano con tubos, pero cuando empecé a tocar en la Abadía me di cuenta que no. Comencé de forma autodidacta hasta que a los 17 años me fui a estudiar a Rosario y conseguí el título de organista. Ahora estoy terminando el profesorado y la licenciatura”, cuenta.

Por otro lado, Adrián nos explica que la principal diferencia en cuanto a la técnica con el piano es “el toque”. “El toque se le llama a la ejecución, la técnica del instrumento. El piano es un instrumento de cuerdas percutidas, uno toca la tecla y un martillo percute sobre la cuerda. En cambio, en el órgano, cuando uno baja una tecla se abre válvulas de aire, es un instrumento de viento y el toque no es lo mismo porque no hay sensibilidad en éste. La única posibilidad de conseguir sensibilidad es por medio de la duración, por ejemplo si quiero que una negra suene fuerte la hago durar todo el tiempo, y si quiero que suene más suave, la hago sonar como una corchea. Lo que varía es la técnica del toque”, explica.

Otra de las diferencias que señala el músico es que el piano cuenta con un único teclado de 88 notas. Por su lado, el órgano puede tener hasta 6 teclados individuales que, en total, no superan las 56 notas. A lo anterior hay que agregarle que este último cuenta con una pedalera que se toca con los pies y pueden sumar hasta 30 notas más.

El pasado y el presente

Adrián nos dice que el mayor compositor para órgano fue Bach. Sus fugas y obras en general son conocidas y respetadas en el mundo de la música por la polifonía, la complejidad armónica y la dificultad técnica que requiere ejecutar sus obras individualizando cada sonido para que no se forme una pasta ininteligible. “Bach llega a tener, en sus composiciones, fugas a cinco voces. Es una locura porque uno va haciendo en una mano dos voces, en la otra una y en los pies dos más. Es muy complejo tocar el órgano, requiere mucha matemática, concentración y musicalidad, porque lo difícil es hacerlo sonar”, comenta.

“Lo más difícil que tiene el órgano es lograr el sonido. Un buen organista debe saber registrar. Los registros del órgano son diferentes tipos de sonido que simulan ser instrumentos de orquestas. Entonces, cuando un organista aprende el instrumento, lo principal es que suene armonioso”, refiere.

—¿En la actualidad hay compositores que incluyan en sus obras al órgano?

—Hay muchísimos. Actualmente mucha música de película está compuesta y ejecutada por órgano. Se tratan de órganos de teatro o de cine, pero no dejan de ser órganos también con tubos que tienen otro tipo de sonidos y registros. Por ejemplo, todas las películas de Star Wars están hechas con órgano. También el jazz cuenta con mucho órgano eléctrico.

Adrián ha viajado por diferentes partes del mundo gracias a su arte. Entre los muchos lugares que conoció, destaca Italia. “Ahí fui a una master class. Realicé el curso con cinco profesores de distintos lugares: de España, Estados Unidos, Italia y Alemania. Los cursos fueron de música antigua, romántica, francesa, italiana, barroco… Fue una experiencia hermosa porque el primer órgano que toqué fue en la ciudad de Empoli, se trataba de un instrumento del año 1500, ver algo así fue increíble. Conocí muchos órganos y las clases me dejaron una experiencia muy linda”, rememora.

Por último, desea que la gente conozca la belleza del órgano y abra el abanico de alternativas. A los estudiantes de música les aconseja: “Lo único que tiene que hacer el músico es tocar, no tiene que parar de tocar”. Lo que resta es esperar las novedades que seguro Adrián tendrá para los victorienses en materia de recitales en este año.

 

(Por Santiago Minaglia)

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