Con una inflación que se estima cerrará este año en torno al 40%, ir al supermercado es una tarea cada vez más cara. Esto se refleja en la caída del consumo que en noviembre ya mostró una baja de volúmenes vendidos en supermercados y almacenes de un 5,9%, según datos privados. Ante esto, las empresas buscan la manera de sobrevivir y achican sus envases, aunque curiosamente mantienen o en muchos casos hasta aumentan sus precios.

En las bebidas, los cambios se vienen vislumbrando en los últimos dos años. Desde vinos hasta aperitivos achicaron considerablemente su envase. La mayoría pasó de 1 litro a 750 cc. Algunas marcas conviven con ambas versiones como por ejemplo una de las primeras líneas de Fernet. Los casos se repiten en los clásicos espumantes típicos de las fiestas. La sidra pasó de 950 cc a 750 cc y una de las principales marcas hasta lanzó una versión de 330 cc. Lo que buscan es ofrecerles a los clientes productos accesibles y de primera calidad, para que el comprador no se vuelque hacia las segundas marcas.

Eso es lo que está pasando en las góndolas de los supermercados. Una práctica muy común en la crisis de 2001, que se denomina downsizing , achicamiento en inglés.

Los productos se achican: pesan menos, traen menos metros o menos unidades. Y aunque el argumento políticamente correcto que esgrimen las empresas es que el consumidor prefiere envases chicos para consumir lo que necesita día a día, lo cierto es que la práctica constituye una inflación oculta. No queda en los registros el aumento, pero el consumidor, sin ninguna duda, termina pagando más por menos.

En silencio. Los ejemplos sobran, ya que desde hace años, el dulce de leche de 500 gramos tiene 400 (en casi todas las marcas), los detergentes en vez de tener 750 mililitros tienen 600, los jabones de pan traen 200 gramos en vez de 250, los de tocador, 90 en vez de 125 y en los chicles Top Line hay cada vez menos.

Pero en 2010, con la aceleración de los precios, la estrategia del downsizing se reeditó, por ejemplo: la bolsa de pañales Pampers más chica, traía antes 11 pañales tamaño mediano. Hoy tiene 10. El pack chico de toallitas femeninas tenía 10, ahora ocho.

Las galletitas surtidas Diversión de Arcor tenían 500 gramos, ahora vienen de 400. El lavavajilla Ala tenía 800 mililitros, ahora trae 650. Las mermeladas en general traían 454 gramos, ahora tienen 390.

El pack de galletitas Club Social tenía 234 gramos, ahora hay algunos sabores que traen 225 gramos. El limpiador Odex pasó de 440 gramos a 400 gramos. En materia de conservas casi todas las marcas se han achicado y pasaron, en el caso del choclo amarillo en grano, de 350 a 300 gramos.

Las galletitas Criollitas tenían 105 gramos, ahora 100. Los postres Danette tenían 100 gramos, ahora tienen 95. El yogur Ser en saché ahora tiene 900 gramos. La lista sigue.

“Nosotros hemos advertido este fenómeno, pero no tenemos ninguna legislación para hacer algo al respecto. Lo estudiamos, le dimos varias vueltas, pero no hay legislación que se lo prohíba a las empresas, los precios son libres y pueden decidir cuánto le ponen de contenido a sus envases”, admite Mónica Prato, titular de Defensa del Consumidor del Ministerio de Industria.

Por eso, la recomendación es comparar los productos –entre marcas y entre envases de diferente tamaño– según la unidad de medida que los supermercados están obligados a exhibir. Entonces, uno mira cuánto cuesta el kilo, el litro, el metro o la unidad, independientemente de la fracción que contenga el paquete. Exija al vendedor que exhiba así sus precios.

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