Victoria.- “Entre la noche del domingo 8 y las últimas horas del lunes 9 de diciembre del 2013, Concordia fue escenario de una sublevación de la policía que convirtió a la segunda ciudad de la provincia en tierra de nadie y mostró la peor cara de la comunidad”, explica el periodista Juan Bracco en su libro ‘Sedición’, en el que realiza una pormenorizada investigación de los hechos. Todo se desencadenó en forma imprevista y en cuestión de minutos, tras el acuartelamiento y la toma de la Jefatura Departamental, sumado al secuestro de los Jefes en la misma dependencia. Ante esta realidad, grupos organizados encontraron el camino libre para saquear casi medio centenar de comercios provocando  pérdidas millonarias. Los propietarios colocaron barricadas y apelaron al uso de armas de fuego de distinto calibre para defender su capital y la propiedad.

Los insurrectos no integraban la plana mayor de la fuerza de esa delegación, en su mayoría eran funcionarios de menor rango pero contaban con el acompañamiento de familiares, especialmente de sus esposas. En aquel año 2013 se desempeñaba como Jefe de Logística el Com. Mayor Ariel Silva, quien accedió a hablar sobre el tema con Paralelo 32.

Reclamo 

Los reclamos llegaban directamente al gobernador de la provincia Sergio Urribarri porque los sediciosos no aceptaban dialogar con el Jefe de la fuerza Com. Gral . Héctor Massuh, tampoco con el Ministro de Gobierno Adan Bahl. Después de muchas idas y venidas el encuentro con el primer mandatario se celebró el segundo día,  sellando un acuerdo que finalmente no se cumplió. Los responsables de la toma, en total 18  funcionarios policiales, fueron condenados por la justicia por  el delito de sedición.

Protagonista 

El jefe de la Jefatura Departamental Concordia en ese momento fue el Com. Gral Lucio Villalba, quien fue luego destinado a la Departamental Victoria, que se halla a cargo actualmente del Com My Ariel Silva, quien en 2013 revistaba en Concordia como Jefe de Logística.

En diálogo con Paralelo 32, el Comisario Silva recordó que ese fin de semana  estaba de franco pero no viajó  a nuestra ciudad (de donde es oriundo) sino que se quedó en la “capital de citrus”. El viernes se había producido una marcha, el sábado otra y para el domingo habían recibido información de que podrían producirse inconvenientes. Silva fue convocado por Villalba junto a al resto de los funcionarios de mayor jerarquía.  La decisión era recibirlos en la puerta de la jefatura porque los revoltosos pretendían ingresar al edificio, como finalmente ocurrió.

“Ese domingo a la noche la ciudad se mostraba pacífica, la columna dio vueltas a la plaza principal y se apostaron  frente a la Jefatura. En la puerta estaba con Villalba habíamos resuelto que los dos los atenderíamos. Todo el personal  de la fuerza que participaba de la movilización era de menor rango y la mayoría estaba acompañado de sus esposas”.

Era una columna numerosa de alrededor de 200 personas que portaban pancartas. “Yo estaba a un metro del Jefe y los manifestantes solicitaron hablar en el interior, petición que fue denegada. Le ofrecimos tomar nota de las demandas o recibir el petitorio para elevarlo a la superioridad”.

El clima se volvió muy tenso y habían resuelto que si la columna decidía avanzar por la fuerza, tenían que cerrar una puerta de rejas similar a la que tienen en todas las departamentales. Esto les complicaría el ingreso a los alzados. En ese instante una señora tomó la delantera, atropellan a Villalba y cuando Silva intenta cerrar la puerta de hierro fue rociado con gas pimienta que lo dejó prácticamente sin visón y en ese instante sintió un golpe muy fuerte en el rostro. Quedó con lesiones y posteriormente se comprobó que le habían producido un principio de desprendimiento de retina. El empujón lo tiró al suelo donde lo siguieron golpeando, especialmente en la cabeza, porque después esa zona estaba muy inflamada. “Nunca supe quien fue la mujer que me agredió”. El oficial recuerda que a esta altura del episodio había perdido el conocimiento y no se acordaba prácticamente de nada. Quedó en el primer piso  dentro de las oficinas, pasadas una horas logró recuperarse y enfiló hacia una de las puertas, donde fue ayudado por algunos de los pares. Salieron a la calle para terminar en una clínica de la cercanías, donde fue atendido. Como corolario quedó con problemas de visión pero la ART, a pesar de los reclamos, no le reconoció esta patología. Finalmente Silva señaló que durante la etapa en que se sustanciaba en juicio recibió algún tipo de contactos y mensajes porque era uno de los principales testigos en el juicio que se sustanció contra los rebeldes.

Final

Después de idas y venidas, el gobernador Sergio Urribarri se reúne con una delegación, le solicitan al menos un incremento de 500 pesos, a lo que el primero respondió que no podría superar los 300. Es decir que no solamente estaban lejos de los 10 mil que reclamaban sino que se mantenía los 8.100 y solamente se ajustaba un monto fijo a pagar en enero. Tras la respuesta, los líderes del alzamiento realizaron una asamblea en la Jefatura con todo el grupo y finalmente le respondieron al gobernador que aceptaban el acuerdo. Se incorporó una cláusula que firmó Urribarri comprometiéndose a no iniciar actuaciones administrativas que deriven en sanciones.

Como corolario quedaron los destrozos, saqueos, cuatro muertos y el temor de la ciudadanía porque la calle era tierra de nadie en una ciudad donde hay mucha delincuencia. En esa oportunidad Gustavo Bordet era intendente de Concordia y estuvo presente en esta etapa, afirmando luego que no se trató de una negociación porque se habló en un marco de mucha presión por parte de los policías rebeldes. Todos los funcionarios y legisladores que presenciaron estos episodios aseguraron que se hizo lo que era posible en ese escenario de violencia.

Teoría

A pesar de la firma del acuerdo, se llevó a cabo un sumario administrativo y posteriormente actuó la Fiscalía de Concordia procesando a 18 involucrados en la asonada.

Para Bracco, según la investigación que detalla en el libro de su autoría, quedó la sospecha de que hubo algunos jefes que podrían estar detrás de aquella acción. También la justicia en alguna parte del procesamiento planteó que podría haber una segunda etapa del juicio que alcanzaría a más responsables. Además el argumento de “pelear” por un incremento salarial quedó desdibujado a la luz de los resultados.

La teoría del autor tiene relación con sucesos similares que ocurrieron en Córdoba, donde los sediciosos consiguieron todo lo que solicitaron marcando un espacio de poder dentro de la provincia, sin ningún tipo de sanción. Sostiene que “el objetivo más allá de la mascarada del reclamo salarial, estaba claro, se buscaba constituir a la policía no como una institución del Estado sino como una entidad orgánica conformada por sus cuadros, de modo independiente de la cadena de mandos institucional, como un factor de poder real, constituyendo una estructura capaz de condicionar las autoridad constitucional”.

Cita varios ejemplos, entre ellos la postura de conformar un gremio, que fue rechazado por la Corte Suprema de Justicia, contactos esa semana entre directivos de la fuerza de Paraná, Gualeguaychú y Uruguay, donde hubo una movida importante. También en la ciudad de Victoria la caravana conformada por funcionarios policiales de civil, y sus mujeres, fue muy numerosa. Todo fue coordinado por alguien para que se sucedan protestas en lugares distintos y el mismo día generar un factor de poder, para ocupar un espacio propio que negocie con los gobiernos de turno las demandas de la fuerza, fue la velada intención que tuvieron.

Final

Fueron condenados en primera instancia por el delito de sedición 17 funcionarios policiales (de 18) que participaron de los hechos. Sucesivas apelaciones confirmaron las condenas, que oscilaron en principio entre los 3 años y medio y 4 años y 6 meses. En casación modificaron algunas de las penas no contempladas en fallos anteriores, como fue la de privación ilegítima de la libertad en algunos casos, e incrementaron las penas.

 

(Por Mario Juárez)

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